Carlos Fernández-Delgado: «Vamos a encontrar en España los mismos peces que en China o Sudamérica»

Carlos Fernández-Delgado: «Vamos a encontrar en España los mismos peces que en China o Sudamérica»

 

Pasa por ser el mayor especialista en la fauna piscícola de la Comunidad Andaluza. Su conocimiento sobre las especies invasoras de los cauces fluviales del sur peninsular es sencillamente deslumbrante. Y ese el motivo por el que este portal se ha dirigido al profesor Carlos Fernández-Delgado, catedrático de Zoología de la Universidad de Córdoba y responsable del Grupo de Investigación Aphanius, para conocer en su viva voz si, como le planteamos en la primera cuestión, hay motivos para el alarmismo ante la presencia de peces temibles en nuestras aguas continentales. Un tema ciertamente peliagudo del que cualquier dato contrastado será bien recibido por la comunidad de pescadores deportivos. Antes de entrar en materia, permítannos reseñar la cita de la firma su e-mail: «Del río que lo arrastra todo se dice que es violento, pero nadie dice que son violentas las márgenes que lo comprimen” (Poemas y Canciones, Bertolt Brecht)».

 

– ¿Hay motivos para el alarmismo ante la proliferación de especies invasoras en los ecosistemas fluviales andaluces?

– Definitivamente sí. La invasión de especies oportunistas que se está desarrollando en estos tiempos no tiene precedentes. La destrucción de los cauces fluviales naturales, junto con la contaminación de las aguas y la presencia de especies invasoras, están colocando a nuestros ríos en un nivel de conservación lamentable. Las características de nuestra fauna autóctona se están perdiendo a marchas forzadas y esta fauna, con unos niveles de singularidad extraordinarios, está desapareciendo rápidamente. Hay que tener en cuenta que la mayoría de nuestras especies piscícolas son endémicas, es decir, son especies únicas en el mundo, no existen más que aquí, forman parte de nuestro patrimonio natural único y exclusivo.

Por el contrario, con la evolución actual de la situación, estas especies únicas están desapareciendo y siendo sustituidas por otras poco interesantes desde el punto de vista zoológico y ecológico, aunque probablemente interesantes desde el punto de vista comercial. Estamos yendo hacia una simplificación y homogeneización de la fauna, lo que significa que vamos a encontrar las mismas especies en España que en la China o en Sudamérica.

– En concreto, ¿ante qué especies invasoras debemos mostrar mayor preocupación, si es que hubiera que hacerlo?

– Cada especie puede hacer daño a un nivel determinado. La gambusia, un pequeño pez de no más de 5 centímetros, elimina especies pequeñas pero también grandes al predar sobre sus huevos o larvas. Los piscívoros han eliminado la mayoría de nuestras pequeñas especies –las denominadas mini-talla–, la carpa es capaz de cambiar todo el ecosistema e incluso modificar la comunidad de aves de la zona. El siluro puede hacer desaparecer especies pescables como el black-bass, el lucio o la carpa. El alburno, introducido en muchos embalses como pez pasto, para que se alimenten de él predadores como el black-bass o el lucio, puede a medio plazo hacer peligrar las poblaciones de estas especies, al competir sus alevines por las mismas presas que los alevines de black-bass o lucios, y así la solución se convierte en problema. Recientemente se ha detectado en el río Hozgarganta (Cádiz) un pequeño ciprínido asiático, la Pseudorasbora parva, extraordinariamente prolífico que trae parásitos específicos que inhiben la reproducción de otros ciprínidos, además de predar activamente sobre sus huevos y larvas. El resultado es que al poco tiempo de invadir una zona se convierte en la especie dominante y única.

– La Administración, las aguas de lastre, la pesca deportiva… ¿Puede establecerse un criterio riguroso o científico respecto al motivo de la llegada o introducción de una determinada especie exótica en un cauce fluvial o eso pertenece al terreno de la especulación?

– Hay muchas vías de entrada de especies invasoras a los cauces fluviales: los acuaristas, los acuicultores, el público en general, los pescadores deportivos, las embarcaciones, la propia administración, etc. Hay algunas especies cuya presencia en nuestras aguas tiene un motivo claro, como el siluro en el embalse de Iznájar, claramente introducido por alguien con el fín posterior de pescarlo. Lo mismo ha ocurrido con el black-bass, el lucio, pez gato, etc. Otras, como el alburno, se introducen para incrementar las poblaciones de piscívoros. El carpín se introdujo por motivos ornamentales, al ser utilizado en la decoración de los jardines con estanques. La carpa fue probablemente introducida en la Edad Media por monjes como los de la orden de Cluny, que para compensar su elevada dieta cárnica mantenían carpas en estanques. La gambusia se introdujo para combatir el paludismo, etc. Por último, hay también introducciones crípticas. Son introducciones que no explican la presencia de una especie en la zona. Es el caso del Fúndulo, una especie americana sin interés comercial alguno.

– Con la perspectiva del tiempo, ¿qué ha supuesto la propagación en los cauces ibéricos de especies alóctonas como el black-bass, la percasol o el alburno, entre otras muchas?

– Ya he respondido en parte a esta pregunta. En general, la extinción en las zonas invadidas de la mayoría de las especies autóctonas como el cacho, la boga, la pardilla, el calandino, etc. Una amenaza del alburno, como ya he dicho, es que puede eliminar los alevines de los piscívoros al competir sus alevines con ellos por los mismos alimentos. También se han detectado cruces entre alburnos y bogas. Algunas especies han traído enfermedades y parásitos, afectando gravemente a la ictiofauna autóctona.

– Si dependiera de usted, ¿en que especie piscícola autóctona concentraría los esfuerzos por salvaguardar su presencia en nuestras aguas?

– Es imposible nombrar una sola especie, pues todas son extraordinariamente interesantes. Yo iría más por la salvaguarda de comunidades. Allá donde hubiera un segmento fluvial con una buena representación de especies autóctonas, esas zonas son las que protegería en mayor medida. Indudablemente también hay especies que requieren un plan de acción inmediato, como el jarabugo o el salinete.

– ¿Y en cuál concentraría las movilizaciones para exterminarla?

– La guerra por la eliminación de especies solo se puede ganar en los primeros momentos de la invasión. Una vez que la especie ya se ha extendido, su erradicación es prácticamente imposible. Hay zonas en las que se pueden erradicar, pero la desaparición total de una especie invasora es imposible. Todas las especies invasoras son dañinas, pero solo las eliminaría en las zonas donde es posible su erradicación sin una posterior recolonización. El siluro es muy dañino por la extraordinaria voracidad que necesita para mantener una biomasa tan elevada. El pez que acabo de nombrar, Pseudorasbora parva, intentaría erradicarlo ahora que está en las primeras fases de la invasión. También pueden desarrollarse planes de control de poblaciones cuando no sea posible la erradicación.

– ¿Qué ha supuesto en la práctica la aprobación hace unos años por parte del Gobierno de España del Catálogo de Especies Invasoras? ¿Goza este documento de su beneplácito?

– Bueno, supone un intento por parte de la administración de aceptar que las especies exóticas son ciertamente un problema e intentar su control. Por lo tanto creo que ha sido un acierto la aprobación de este catálogo. Sin embargo, creo que en determinados grupos, como es el caso de los peces, ha sido excesivamente condescendiente cediendo a la presión de determinados colectivos de pescadores y/o marcas comerciales.

– Supuestamente, no sabemos si esto es exacto, el siluro desplaza a otras poblaciones hasta el punto de equilibrio biológico. Un veterano buceador que realiza vídeos y fotografía subacuática contaba semanas atrás en nuestro portal que es increíble la cantidad de peces pequeños de todas las especies que se pueden encontrar en aguas de Mequinenza al lado de siluros de más de dos metros.

– Ya he dicho que el siluro es un superpredador. Está incluido entre las 25 especies de agua dulce más grandes del planeta. Por lo tanto afectar sí que afecta, incluso se ha detectado un descenso en la comunidad de aves de los embalses en los que ha sido introducido. Supongo que todos habrán visto el vídeo de youtube de los siluros cazando palomas en el Ebro. Respecto al segundo punto, no es de extrañar ver un pez de dos metros de largo y 100 kilos de peso rodeado de alevines. ¿Cómo va a gastar energía persiguiendo a unos peces insignificantes cuya caza es más costosa en términos energéticos que lo que le aporta?

– Recientemente hemos visto que en la Orden de Vedas de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía se cita la obligatoriedad de matar cualquier ejemplar de siluro que se capture de forma fortuita –pues su pesca no está autorizada– en el embalse de Iznájar. En su opinión, ¿sirve de algo en la práctica una medida como esta? ¿Considera justificado que en ciertas situaciones se obligue a un pescador a quitar la vida a un pez que apresa?

– Estoy de acuerdo en prohibir la pesca de especies invasoras en las nuevas zonas en las que aparezcan. Creo que es una forma de frenar la suelta descontrolada de especies por parte de desaprensivos. Si se legalizara o gestionara la pesca de toda especie allá donde apareciera, cada embalse y cada segmento de río tendría todas las especies invasoras.

Realmente el sacrificio de un ejemplar de una especie no significa mucho, pero hay que considerar que la suelta de especies invasoras está prohibida. En ese sentido, creo que la liberación de un ejemplar, aunque haya sido capturado momentos antes, conculcaría esa prohibición. Por otro lado, si no se quiere sacrificar a un pez que se captura, estaría la opción de no pescarlo previamente. Y si en un embalse hay especies que se sabe que hay que sacrificarlas si se capturan, siempre habrá lugares que pescar donde esas especies no existan.

«Distribución y estado de conservación de los peces dulceacuícolas del río Guadalquivir», por Carlos Fernández-Delgado. Consulta la obra en este enlace: http://www.uco.es/aphanius/includes/descarga.php?id=16

– Las especies que son consideradas como amenaza grave suscitan un enorme debate entre los propios investigadores, que en ocasiones reflejan opiniones contrapuestas, y no digamos entre los pescadores. ¿Debería haber una única directriz en esta materia? ¿El citado Catálogo de Especies Invasoras, por ejemplo, o las normativas de la Consejería de Medio Ambiente? 

– Desconozco esos debates entre los científicos a los que usted se refiere. En la comunidad científica hay un consenso absoluto sobre el daño ambiental y/o económico que causan las especies invasoras. Sí sé que hay pescadores a los que les gusta la pesca sostenible y que intentan compatibilizar la pesca deportiva con la supervivencia de especies autóctonas. Hay pescadores especializados en barbos que están encantados con esta combativa especie y la defienden a ultranza, a esta y a todas las autóctonas que conviven con ella. La pesca de bogas es enormemente entretenida, aunque por desgracia cada día hay menos zonas donde habita esta especie en Andalucía. Muchos pescadores abogan por una vuelta a la pesca antigua, de barbos, bogas, cachos, etc. Estos grupos de pescadores están por la labor de la defensa y conservación de especies autóctonas y en contra de la introducción de especies extraordinariamente agresivas como la lucioperca, el black-bass, el siluro, etc.

Por el contrario, hay otro grupo de pescadores a los que solo les importa su beneficio a corto plazo y no dudan en echar siluros para después pescarlos, o peces gato, o alburnos, etc., sin preocuparles el daño que esas introducciones pueden hacer no ya a las especies autóctonas sino también a otras especies pescables. En este sentido, creo que la normativa debe existir y hay que regular, y eso es tarea de la Administración, que debe emitir normas que impidan el daño medioambiental y regulen la actividad de la pesca.

– ¿Es usted pescador o ha pescado alguna vez? ¿Respeta esta afición, en especial la vertiente conservacionista de la moderna pesca deportiva continental o fluvial?    

– Sí he pescado muchas veces, aunque últimamente no la practico mucho. Es una afición muy bonita y, como ya he dicho anteriormente, respeto los pescadores que buscan disfrutar de la naturaleza respetando las especies que siempre han estado con nosotros. Incluso la mayoría llegaron antes que nosotros a estas tierras. Por el contrario, no me gusta la pesca de competición, donde el estrés entre los pescadores es palpable, y creo que va un poco en contra de la filosofía de la quietud y tranquilidad de la pesca deportiva.

Texto: © Quico Pérez-Ventana

COMENTARIOS

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    Fran 3 años

    Es una gran entrevista y matiza muy bien todos los puntos claves en los que estamos de acuerdo muchos pescadores. Desgraciadamente no somos mayoría, como pasa en tantos otros temas en los que la ciencia está advirtiendo. Algunos piensan que las cosas hay que cambiarlas poco a poco, pero en muchos casos será demasiado tarde. Gracias al catedrático por esclarecer de nuevo toda esta información y ponerla al alcance de todos.

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      perezventana 3 años

      Gracias, Fran. Esa era justamente nuestra intención. Que un experto en la materia aportara su punto de vista a una temática que nos preocupa y de la que todos nos permitimos opinar.

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    Luis 6 meses

    Hola,
    Estoy de acuerdo en muchos puntos de opinión del Sr. Fernández. En otros no tanto. Solo espero y deseo que por el bien de la Naturaleza y de la práctica de la pesca, se lleguen a puntos de acuerdo lógicos y sea sostenible esta ley para todas las partes implicadas.

    Un saludo.

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