José Riqueni Barrios, escritor cinegético: «A veces los cazadores estamos como avergonzados de cazar»

José Riqueni Barrios, escritor cinegético: «A veces los cazadores estamos como avergonzados de cazar»

«La caza es una tensión entre el recuerdo y la próxima salida al campo con la escopeta», dice. Lo cierto es que se le da bien reflexionar sobre esta materia. José Riqueni Barrios (trianero, 1959), cazador y escritor cinegético, de profesión maestro de escuela, es autor del libro Días de caza menor (Ed. Espuela de Plata, 2012), que lleva por subtítulo Vida y caza de la liebre – Tertulias cinegéticas y añoranzas. Un texto ameno, por momentos entrañable, que profundiza con maestría en el amor por la naturaleza. En las artes de la caza menor y de los personajes que ha ido encontrando en las lindes de su afición. El estimulante diario de un cazador «zarandeado por una pasión arrebatadora».

Texto: © Quico Pérez-Ventana

 

Días de caza menor refleja las experiencias de toda una vida entre cazadores, cazaderos y cazados. En sus palabras, «vivencias de un humilde pisaterrones». ¿Por qué decidió plasmar en el papel sus conocimientos, anécdotas y añoranzas?

– Hace más de una decena de años fui recogiendo los días de caza en dos cuadernos manuscritos que aún conservo y que en su día titulé como Diario de Jornadas de Caza. En aquellos días tomé conciencia de que quería escribir mis vivencias en el campo para poder recordarlas años más tarde, porque la lectura, sin lugar a dudas, es una puerta abierta al recuerdo.

– ¿No ha sentido rubor al descubrir tan a las claras sus sentimientos más íntimos como cazador y como hombre?

– No, en absoluto. Uno escribe tal como siente. Pararte a analizar tus sentimientos, poner algún tipo de freno o filtro sería algo frío e indecoroso. Para mí es motivo de gran alegría recibir comentarios de personas muy dispares haciendo alusión al libro en el sentido de catalogarlo como emotivo, cálido, entrañable…

– «Adentrarnos en la magia del monte sorteando las jaras, retamas, aulagas. (…) Notar el alma jubilosa sumido en la melancolía de los atardeceres de la sierra (…) En estos avatares digo que surge en uno la plenitud y es ahí cuando toma conciencia de que es zarandeado por una pasión arrebatadora». ¿Todo cazador lleva dentro un exquisito prosista o solo usted?

– Bueno, tanto como exquisito prosista, esas son palabras mayores. De todas formas, gracias. Sí, todo cazador lleva dentro el sublime gozo de sentir el olor de los pastizales en octubre, de asistir a amaneceres espléndidos… La caza es una comunión (común unión) del hombre y la naturaleza, de tal magnitud que el amor que experimentamos los cazadores por la caza es una pasión en toda regla. Todo cazador, aunque no sea capaz de expresar en palabras sus sentimientos, es un exquisito prosista en potencia.

– ¿Por qué asegura que la caza de la liebre es «incomprendida y minusvalorada»?

– Por los galgueros no, por supuesto. Me refiero con ello a la caza de la liebre con escopeta en aquellos terrenos que bien por abruptos y pedregosos o por tener continuas alambradas no son aptos para cazar la liebre con galgos. Es incomprendida porque su práctica encierra gran belleza. Minusvalorada porque la liebre se caza de forma anexa a la caza de la perdiz en mano. No es, por lo general, una caza definible como modalidad específica. En mi caso sí considero la caza de la liebre con escopeta como una modalidad con personalidad propia.

– ¿Con qué ojo miran las liebres a su captor al emprender la huida?

– Las liebres ven mal de frente, siempre miran de soslayo. Te van observando y al verte encarar la escopeta se encogen que parecen un conejo.

– ¿La caza menor es, digamos, una caza “menor”?

– El adjetivo menor para la caza de especies de pelo y pluma es totalmente desafortunado y puede prestarse a error. La caza arraigada en los pueblos, la más popular, de gentes sencillas y humildes, siempre ha sido la caza menor. Creo que en la caza menor, en torno a ella, se dan cita un conjunto de valores humanos que la convierten, sin lugar a dudas, en la verdadera y auténtica caza mayor. La caza menor no es menor, es otro mundo completamente diferente a la caza mayor la cual respeto e intuyo tiene también gran encanto.

«Los relatos cinegéticos que componen Días de caza menor son una puerta abierta al recuerdo, una recuperada y entrañable fotografía olvidada en el fondo de una antigua caja de cartón, una ventana que nos dibuja a un grupo de amigos unidos por una pasión común: la caza menor» [extracto del prólogo del libro]

– ¿Por qué se hizo cazador?

– Soy cazador porque mi padre era cazador y me llevó con él. Delibes decía que «en puridad, esto de caza se mama».

– ¿Se ve como escritor cinegético en futuras aventuras editoriales?

– En ello estoy. Escribo la vida de El Periche, un furtivo de la posguerra en tierras de Carmona (Sevilla). Tengo el libro muy avanzado, aunque no tengo prisa ya que estoy centrado por ahora en este: Días de caza menor.

– ¿Qué le gusta más, abatir las presas en el campo o la tertulia en el bar del pueblo?

– Son cosas distintas y complementarias, ambas necesarias para componer el trinomio lance, tertulia y recuerdo. ¿De qué hablaríamos en las tertulias del bar sino de comentar lo ocurrido, recordar el pasado y aventurar la próxima salida de caza?

– En su capítulo sobre Ética y moral en la caza reconoce que todo cazador, en el fondo de su ser, envidia al pescador que acaricia al pez capturado y lo devuelve con vida al agua. Más tarde se pregunta por qué el cazador quita la vida a una criatura del campo si en verdad la ama tanto. Intente responder.

– No puedo responder porque ese dilema no tiene respuesta. El cazador aprovecha los recursos de la naturaleza: el pastor obtiene carne y lana, el agricultor sus cereales, frutas, hortalizas y el cazador perdices, liebres y conejos. La caza conlleva esa contradicción sin respuesta: quitar la vida a lo que amas.

– ¿Tiene justificación posible el furtiveo? En sus relatos se adivina cierta comprensión.

– Los furtivos tienen justificación si la práctica de la caza se convierte en su única forma de supervivencia, tanto para él como para su familia. Pero esto pertenece a épocas pasadas. Hoy en día la mejora del nivel en general deja en entredicho la práctica furtiva, pues ya no se caza para sobrevivir, sino para obtener dinero o por puro vicio.

– (…) «No como aquí, que están los cuatro nuevos ricos, aristócratas de medio pelo, enchufados del régimen, sindicalistas, banqueros, especuladores de la bolsa, politiquillos y un sinfín de vividores, cantamañanas que viven de la mamandurria”. Tremenda descripción de ciertos cazadores sureños. Parecería que el señorito Iván ha cambiado la filiación.

– La descripción es de cazadores que llegan a la caza no por el disfrute que esta reporta, sino como medio de mejorar su negocio y para codearse con gente importante. Este tinglao perfectamente reflejado en la película La escopeta nacional siempre ha existido y siempre existirá.

– Sobre los ecologistas más beligerantes, usted asegura que cuando van al campo de excursión no distinguen una encina de un alcornoque. Su amigos Nicasio y Rafael dicen, respectivamente, que orinan contra el aire y que no distinguen el atún del betún porque los dos van en lata. ¿Qué debe ocurrir para que exista algún día armonía y buena vecindad entre ecologistas y cazadores?

– Bueno, ecologistas hay de muchos tipos, pero en general son gente sectaria, poco informada, que ven en el cazador un agresor del medio natural y no, como ciertamente es, el primer interesado en mantener una naturaleza en estado puro. Los ecologistas están totalmente confundidos pues centran su guerra en un objetivo equivocado como son los cazadores. Debieran dedicar sus energías a controlar a las multinacionales de productos químicos que están envenenando sin solución futura la tierra de los campos con plaguicidas y herbicidas. Los cazadores hace años que dimos un pie al frente, ahí estamos, defendiendo una naturaleza sin tantas agresiones. Los ecologistas, sin embargo, se han quedado trasnochados en una guerra que ya pasó y que no tiene sentido. Los veo perplejos, con el desconcierto de intuir que no hacen lo que deben y ni les asiste la razón. La única salida es ir de la mano ecologistas y cazadores en defensa de un objetivo común.

– ¿Qué supuso la obra de Miguel Delibes para prestigiar la actividad cinegética en nuestro país? Usted cita alguna de sus reflexiones, supongo que con admiración.

– Delibes es mi maestro, él dijo bien y claro qué es la caza y a qué peligros se enfrenta. Su obra literaria es extensa y la referida a temas cinegéticos muy interesante y amena. La labor divulgativa y en defensa de la caza que hizo Delibes es impagable, todos los cazadores y amantes de la naturaleza estamos en deuda con él y le debemos justo reconocimiento a su dedicación.

 

CUESTIONARIO CINEGÉTICO

  • Un libro de caza: Diario de un cazador (Delibes).
  • Una presa:La perdiz roja española en estado puro y la liebre al salto, sin perro.
  • Un lugar para cazar: Cerros suaves con manchas de monte y siembras.
  • Un arma: Una escopeta paralela de pletinas corridas y expulsora del calibre 20.
  • Un plato de caza: Zorzales fritos.
  • ¿Caza mayor o menor? Menor, porque es la que conozco y practico.
  • ¿Caza moderna o antigua? La antigua, sin tanta legislación y esa naturaleza virgen sin tanta intervención de la mano del hombre (productos químicos).
  • Lo mejor de ser cazador: Sentir el esplendor de la naturaleza y la verdadera amistad sin interés alguno en medio.
  • Lo peor: La carretera.
  • Otras aficiones: Leer, recorrer España, fotografía de paisajes y pueblos, historia medieval de España.
  • Un sentimiento al apretar el gatillo: Rematar el lance como es debido.
  • Un consejo: Disfrutar cada jornada de caza como si fuese la última.
  • Un reto: Cazar hasta el fin de mis días.

 

– En su opinión, ¿qué caracteriza a la caza menor en el sur de España en comparación con otros lugares de España?

– Cada parte de España tiene sus modalidades de caza, tradiciones arraigadas en unos paisajes y modos de vida que se remontan al pasado.

– ¿Cómo valora el presente de la caza menor en Andalucía? Una reflexión sobre el volumen de afición, la salud de los cotos y las especies cinegéticas.

– El presente es crucial, pues la caza está sometida a presiones de muy diversa naturaleza. Los cazadores, a veces, estamos como acomplejados, avergonzados de cazar, incluso, y eso es un error, pues la caza es una de las actividades que precisa de un medio natural en equilibrio y puro, siendo nosotros los impulsores de ello. Los cotos deben tener planes técnicos de caza prácticos que sean respetados al 100%, realizándose un autocontrol dentro de cada acotado. La perdiz y la liebre están amenazadas por los plaguicidas y herbicidas. Hay que proteger la pureza de raza de la perdiz roja española y eso pasa por conocerla, cuidar su hábitat, controlar a los depredadores, usar productos químicos biodegradables, no contaminantes para el medio ni lesivos para la vida de la patirroja. Ojo también con las repoblaciones de liebres que deben hacerse dentro de un acotado o acotados próximos con todas las garantías legales.

– ¿Cuáles son los enemigos más poderosos de la caza andaluza?

– La falta de comunicación entre las directivas de unos cotos y otros. Tenemos que unirnos y hablar con una sola voz. Esa es tarea de la Federación Andaluza de Caza, de sus delegaciones provinciales, y voluntad de las directivas de cuantos cotos hay en Andalucía. Cada día la caza es más incomprendida, hace falta cazar de forma deportiva. Convencer desde nuestra práctica y divulgar también todo lo que hacemos por el cuidado del medio natural y sus especies.

– ¿Cree que la Administración aprovecha suficientemente la caza como un recurso turístico y una posibilidad de crear riqueza y trabajo en nuestra tierra?

– No, sin duda alguna. La caza permite mil y un aprovechamientos.

– ¿El cazador andaluz responde a un patrón determinado?

– Responde a unas costumbres ancestrales referidas a las especies de caza de su entorno, a su climatología y modalidades cinegéticas.

– En líneas generales, ¿somos respetuosos con la legislación y con la selección natural de las presas? A veces parecería que el código deontológico se escribe con renglones torcidos.

– En ello estamos. Caminamos sin vuelta atrás a una práctica cinegética cada vez más deportiva. Medios de caza y modalidades de caza evolucionan buscando el placer del lance y no la cantidad de especies abatidas. El cazador moderno valora sobre todo la calidad de su primigenio ejercicio en montes o llanuras.

– ¿Qué libro de caza no se ha escrito aún?

– La bibliografía de caza es extensa y completa. No obstante, siempre hay nuevas formas de enfocar la cinegética y su mundo. El libro que aún no se ha escrito, como suele decirse, es el último que aparecerá.

– ¿Le gusta a los cazadores la lectura?

– Los cazadores de menor, incluyámonos todos, leemos en general poco. Se lee bastante más de caza mayor, aunque sin llegar a lo que sería razonable.

– ¿Qué cambiaría de la legislación de caza si pudiera hacerlo?

– Prohibiría cazar aprovechando la huida de los animales y potenciaría el rececho en caza mayor e ir tras las perdices, la caza en mano.

– ¿Qué opina de las competiciones de caza?

– Las competiciones de caza son un complemento a la propia caza. Las considero muy necesarias y adecuadas. Para la juventud constituyen una escuela así como un modo de encauzar el tiempo libre.

– En la caza, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

– Es bien cierto que uno vive en gran parte de recuerdos, las añoranzas forman parte de nuestros días. La caza es una tensión entre el recuerdo y la ilusión de la próxima salida al campo con tu escopeta.

«La caza es una inigualable vía para adentrarnos en esa parte más humana que todos llevamos dentro y en la que la verdadera, sencilla y natural amistad encuentra un campo abonado para su pleno desarrollo»

 

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