Juan Sangrán, escritor cinegético: «Las mejores monterías de España se dan en Andalucía»

Juan Sangrán, escritor cinegético: «Las mejores monterías de España se dan en Andalucía»

Juan Sangrán Medina posa con un corzo durante una cacería en Yugoslavia. También aparece en la imagen un sabueso de Baviera, «de gran olfato e instinto para cobrar reses heridas». Foto: Juan Sangrán

 

Juan Sangrán Medina (Sevilla, 1935, ingeniero técnico industrial) ha anotado día tras día las anécdotas y resultados de más de 60 años de vivencias de caza, incluyendo tres millares de monterías en varios continentes. Un excitante cuaderno de bitácora que entrega con sabiduría y pasión a la mejor literatura cinegética de este país.

En 1970 asumió el acondicionamiento para la caza de la finca familiar, Las Coladas, que repobló con venados, muflones y gamos. Desde entonces sus lindes han acogido infinidad de cacerías de amigos, entre ellos dos de los tres Wheaterby españoles, Valentín Madariaga y Ricardo Medem. Porque así concibe esta afición: Cazar entre amigos. «Si no hay tertulias, bromas y otras puñeterías, ¿para qué vamos a cazar? ¿Solo vamos a matar o a fallar? Eso no sería justo ni serio», dice. Y ese es también el título de uno de sus libros, de cuyo contenido habla detenidamente en esta entrevista.

Texto: © Quico Pérez-Ventana

 

Cazando entre amigos y otras vivencias recoge relatos cinegéticos en la finca de su propiedad, Las Coladas, ubicada en la Sierra Norte de Sevilla. ¿Por qué decidió plasmar en el papel estas experiencias personales?

– Por indicación de algunos amigos. Era algo curioso poder contarlas en persona después de tantos años. Me convencieron de que debía hacerlo, pues es raro almacenar durante tantos años esos escritos de caza e incluso seguir haciéndolo.

– ¿La máxima expresión de la caza es cuando se está entre amigos?

– Por supuesto. Quizá es agradable cazar a solas cuando vas a practicar algún tipo de rececho, en los que no puedes ni debes llevar compañía. Pero en las cacerías que se practican en grupo –como las monterías, los ojeos de perdices, etc.– son importantísimos los amigos.

– En el prólogo del libro, su amigo Ramón Estalella destaca del autor su extraordinaria intuición y el consejo que usted le dio: “Ponte siempre en el lugar del venado, piensa como él”. ¿Puede explicarnos cómo piensa un venado?

– Respecto a Ramón Estalella y a su prólogo, ya le dije a él que se había pasado un poco en adjetivos favorables a mí. Pero conociéndole a fondo y debido a nuestra estrecha e intima amistad, todo lo que venga de él es bienvenido. Respecto a cómo piensa un venado, la cosa es sencilla, pues su primera obligación desde que nace es sobrevivir ante los posibles enemigos, así como como poder completar cada día su alimentación y cada año su reproducción. Lo demás tenemos que hacerlo los hombres, como es la selección y un posible aporte de alimentación, además de otros posibles cuidados.

– También resalta de usted la “conjunción de bondad, conocimientos, señorío, empuje, tesón, sincerad y amistad, así como su deseo de cazar de la forma más pura posible. ¿Se reconoce en esta definición? ¿Cuál es la forma más pura de cazar?

– Esas cosas son mentiras piadosas del gran Ramón, al que desde estas líneas le vuelvo a agradecer sus palabras, pero no me reconozco en ellas de ninguna de las maneras. Respecto a la forma más pura de cazar, creo que es la que se hace de forma natural pero manteniendo unas mínimas reglas de comportamiento que todos conocemos. Quizás sería esta una buena pregunta para hacérnosla todos a modo de examen de conciencia.

«Por desarrollarse nuestra actividad al aire libre, no cabe la posibilidad de que seamos tan malos como se nos supone»

– Leemos sus propias palabras. “Creo que he probado y disfrutado de todo en este mundo de la caza. Desde perseguir a muerte al clásico gorrión con el tirachinas, que yo mismo aprendí a fabricarme, hasta safaris, largos viajes, altas montañas y más de tres millares de monterías y recechos, dueño de rehala, aguardista empedernido, recechista…”. ¿Por qué se hizo cazador?

– Esta pregunta no sabría responderla fácilmente. No sé si podría decir que porque se nace cazador, aunque esto podría ser un tópico más. Yo no tengo otra posible respuesta a mano, ya que, como indico en mi libro, en mi familia cercana no hubo grandes cazadores. Solo sé que quería poseer la pieza de caza que veía y que para ello tenía que aprender a hacerlo por mí mismo, pues si no, no habría pieza.

Con un kudu durante una cacería en Sudáfrica, 1997. Foto: Juan Sangrán

– 60 años cazando y más de 3.000 monterías a sus espaldas. ¿Cree que hay cazadores con la misma experiencia de usted tomando decisiones en materia cinegética en las diferentes Administraciones? Si no es así, ¿lo aconsejaría?

– Es muy posible que entre los cazadores actuales existan ya muy pocos por ley natural. Respecto a tomar decisiones, yo solo las tomo en lo que me atañe. En mi vida de cazador pasé por una etapa en la que me tocó colaborar con la Administración, donde tengo muchos y muy buenos amigos. Creo que a mi edad puedo y debo aconsejar de todo corazón que las decisiones importantes en materia cinegética siempre deban ser consensuadas entre los cazadores –entre los que incluiría a los que estamos y vivimos en el campo– y los técnicos de la Administración. No deberíamos actuar una parte sin la otra. ¿Quién se tiraría piedras a su propio tejado? Además, creo que hemos entrado en una etapa en la que la caza ha cambiado completamente y nunca podremos volver atrás.

Yo diría que todos estamos comenzando en la etapa de cuidar la caza, porque ha pasado a ser rentable incluso como solución única para una serie de hectáreas que no sirven para otra cosa. Tal como se ha hecho desde hace muchísimos años en toda Europa. Verdad es que para ellos era necesario aplicar esos cuidados por la climatología tan adversa de sus inviernos. Si no se alimentaba a la caza, cada invierno se llevaba muchas animales. He leído tratados en los que esta costumbre ya se practicaba en el siglo XVII. Todas estas experiencias, y no cabe duda, las mejoras, deben ser tenidas en cuenta en los planes de caza que aprueba la Administración, así como no poner cortapisas en la gestión que cada propietario proponga a no ser que estas sean disparatadas o sin fundamentos. Si un gestor lleva muchos años aplicando estas medidas y con buen resultado, no se puede dudar de que estas medidas son las correctas. Me atrevería a decir que en muchos casos la Administración debería tomar nota de todo lo referente a los cuidados de la caza y su gestión observando los resultados que se han conseguido sin el dinero del contribuyente.

Dicho de otro modo. Supongamos el caso, muy normal, de un señor que adquiere una finca y desea convertirla en un coto. Lo lógico sería que se pusiera en manos de la Administración para que sus técnicos del departamento cinegético le hicieran un buen estudio de cómo llevarlo a cabo y se responsabilizara de los resultados positivos de la obra de creación así como de los posteriores consejos para su mantenimiento. Y no me refiero a los papeleos, sino más bien a la consecución material de una obra como esta. ¿Quién encomendaría un asunto de esa envergadura a la Administración sabiendo, además, que toda la inversión tiene que ser de su parte?

«La caza no es un deporte. De ese modo sobran todas las competiciones. Yo no concibo una jornada donde todo se hace corriendo con la lengua fuera. Eso no tiene nada que ver con la verdadera caza».

– ¿Qué le gusta más, abatir las presas en el campo o la tertulia posterior?

– Creo que no debe haber una cosa sin la otra. Entonces, ¿cómo nos íbamos a reír después de los fallos de los compañeros e incluso de los propios nuestros? Esas cosas no se pueden hacer por internet. Hay que hacerlo de viva voz y con mucho público, con lo que cada cacería se prolongaría unas horas más.

– ¿Qué vivencia de cuantas relata en su libro recordaría para compartirla con los lectores de esta revista digital?

– Quizás fue la que tuve con el primer norteamericano con quien cacé y conviví en Las Coladas. Aquello desde el principio a fin fue una aventura de lo más estrafalaria, graciosa y divertida que incluso acabó bien, que ya es pedir.

[Nota del entrevistador= Para conocer los detalles picantones de aquel relato, el lector habrá de hacerse con un ejemplar de la obra Cazando entre amigos, asunto ciertamente recomendable].

– ¿Qué sería de la caza sin esas vivencias con los amigos?

– Pues que sería solo media caza. Siempre lo he dicho: si no hay tertulias, bromas y otras puñeterías, ¿para qué vamos a cazar? ¿Solo vamos a matar o a fallar? Eso no sería justo ni serio.

 

CUESTIONARIO CINEGÉTICO

  • Un libro de caza: Veinte años de caza Mayor. Narraciones de caza mayor en Cazorla. El mundo de Juan Lobón.
  • Una presa: La perdiz en la menor y el jabalí en la mayor.
  • Un lugar para cazar: El Coto del Rey y el de Doñana.
  • Un arma: El rifle del 30.06.
  • Un plato de caza: No me gusta comer la caza.
  • ¿Caza mayor o menor? ¿Por qué? Mayor, porque es mi especialidad.
  • ¿Caza moderna o antigua? Ambas, pero recuerdo mucho las de mi época.
  • Lo mejor de ser cazador: Por desarrollarse nuestra actividad al aire libre, no cabe la posibilidad de que seamos tan malos como se nos supone.
  • Lo peor: Los días que no se caza. La caza llega a ser un vicio aunque nunca deberemos ser agonía en su práctica.
  • Otras aficiones: La monta a caballo.
  • Un sentimiento al apretar el gatillo: Esperar a ver caer el animal.
  • Un consejo: No pasarse de rosca con la caza.
  • Un reto: Conseguir un gran trofeo de cualquier especie.

 

– ¿Qué recuerdo tiene de aquel episodio en el que un guarda de su finca resultó muerto por los disparos de un furtivo? ¿Le hizo esa experiencia ser menos tolerante con las actividades de furtiveo?

– Ese episodio y el que sucedió años después, en el que un gran incendio quemó prácticamente todo el coto de caza mayor, son los recuerdos más tristes que he tenido en la vida. Quizás del primer tema que me pregunta lo que más me dolió después de su muerte fue ver cómo se deshacía su familia y sobre todo su hijo, que, aunque apenas se dio cuenta, hizo algunos comentarios que me impresionaron mucho. Otra cuestión que me dolió muchísimo fue la poca atención que la justicia prestó al asunto, sabiendo todo el mundo quién lo hizo, y aún sigue archivado el caso.

Juan Sangrán Medina, en primer plano, con un arrui abatido en Sierra Espuña, Murcia, junto a dos guardas del coto. Foto: Juan Sangrán

Respecto a la pregunta concreta sobre el furtiveo, siempre he dicho que estos tipos solo son unos cuatreros e incluso criminales, pues este caso no es la primera vez que sucede. Tan solo respetaron el coto hasta muy pocos días después del crimen. Después de estos acontecimientos poco podemos esperar de nuestra autoridad. Vuelvo a su pregunta. Nunca he sido tolerante con los furtivos ni lo seré. Me han tiroteado, me han arrastrado encima de un coche, me han destrozado metros y metros de malla, me han matado un corzo dentro del corral de la casa. Me han matado –y lo siguen haciendo cada año– de ocho a diez becerros y algunos cerdos ya gordos. Me mataron un ciervo blanco al que yo siempre había protegido. No digamos el posible número de reses que me han quitado. Hubo un Jueves Santo que me montearon la finca de noche, con rehalas y con los puestos bien colocados. ¿Quiere que siga hablando de sus bromas? Al principio recurría a la Guardia Civil, a la que siempre he respetado, pero ya no lo hago, y contra eso uso mis propios medios, que son totalmente legales. Y que no vengan con el cuento del hambre o del paro, pues un rifle dotado de mira y silencioso puede costar más de 1.200 euros, y para matar el hambre, al supermercado de la esquina, pues todos están cobrando el paro y haciendo chapuces por su cuenta.

«Sin la tertulia posterior, ¿cómo nos íbamos a reír de los fallos de los compañeros e incluso de los propios nuestros? Esas cosas no se pueden hacer por internet. Hay que hacerlo de viva voz y con mucho público».

– Cita en el libro su condición de pescador en las propias pantanetas de Las Coladas, incluyendo la captura de black basses a cucharilla y carpas de hasta 23 kg. ¿Todo cazador lleva dentro un pescador?

– Yo diría que no tiene que ver una cosa con otra, pues a mí la pesca no me dice mucho, mientras que la caza, cualquiera que sea, me entusiasma. La verdad es que pesco o pescaba muy a menudo, pero era más por la novedad de comprobar las repoblaciones que yo hice en persona que por el mero hecho de pescarlas luego. Además de no ser ningún experto en ese arte.

– Actualmente se encuentra escribiendo su siguiente obra: Dónde, cómo y qué cacé. ¿Qué puede adelantarnos de este libro?

– Creo que será un libro más completo, pues he querido reflejar todas las modalidades de caza, tanto menor como mayor, que he practicado a lo largo de mi vida, haciendo sus descripciones, dando algunos consejos y pensando en aquellos que ahora habrán de recorrer el camino que yo ya he andado. Hago unas distinciones entre monterías por su localización y costumbres propias del lugar. También cuento algunas anécdotas curiosas e interesantes. En un principio este nuevo libro fue mucho más voluminoso, pero tuve que recortarlo dejando para mejor ocasión la parte poco seria, que pensaba incluir en el mismo y que al menos a mí me divertía mucho.

– No me resisto a preguntarle por la experiencia que compartimos el autor de esta web y usted en el año 1996 durante la grabación de los 13 programas de Al aire libre, el primer espacio de caza y pesca que emitió la televisión pública andaluza bajo la tutela de la productora Savitel. Ambos fuimos asesores y guionistas de caza y pesca, respectivamente. ¿Qué imágenes le vienen a la memoria de aquel programa?

– No solo tengo muy buen recuerdo, sino que ademas conservo los esquemas de todos los programas retransmitidos y de los que quedaron por transmitir. Creo que estos programas podían haber sido mejor pensados por la televisión pública con respecto al tiempo que nos daban, haber tenido una mayor continuidad y, por tanto, podían haber sido más interesantes. A mi parecer, no se deberían haber mezclado con otras actividades practicadas al aire libre, pues la mayoría de esas actividades daban para crear sus propios programas. Aún recuerdo los programas de caza que nos daba Jaime Foxá los viernes después de almorzar ,que tenía pendiente a todos los cazadores de España. Pero la caza en nuestros días ha pasado a ser la niña fea. Sí recuerdo también el calor que pasamos en aquel estudio. Lo recuerdo todo con cariño y con la ilusión que puse en ello.

– ¿Qué caracteriza a la caza mayor en el sur de España en comparación con otros lugares de España y el mundo?

– Pues hay una muy especial, y se trata de que en Andalucía se pueden cazar prácticamente todas las especies de Mayor españolas, excepto el rebeco. Incluso tenemos el lince, esta es su patria chica, aunque ahora, lógicamente, está completamente prohibida su caza. A saber: cabras, arruis, muflones, ciervos, gamos, corzos y jabalíes. Estamos al completo de caza mayor. También tenemos las monterías auténticas a la española, muy distintas a las batidas del norte. Tampoco nos faltan los recechos de alta montaña y, por supuesto, los aguardos o esperas. También se sigue practicando el lanceo de jabalíes en las marismas. Yo diría que las mejores monterías de España se dan en esta tierra nuestra. Con respecto al extranjero, yo aseguro que toda nuestra caza y sus prácticas son distintas a los de todos los países, excepto los recechos, que es la forma normal de cazar en casi todos los países de caza. En otro sentido, repito, destacaría que un cazador que venga a España puede cazar las ocho especies descritas más dos clases de rebecos (Pirineo y Cantábrico), total diez, cosa que salvo en continentes enteros no se puede llevar a cabo.

– ¿Cómo valora el presente de la caza mayor en Andalucía, su el volumen de afición?

– Creo que la caza en Andalucía está sana y va a más. Parece que fue ayer cuando se mataba una res o dos por montería y a todos nos parecía bien. No digamos cuando se cobraban quince o veinte reses, que era motivo de comentarios en las tertulias. Ahora es muy normal llegar a las ochenta e incluso a las cien por montería, y si te toca un buen puesto puedes cobrar tranquilamente diez reses. En otro sentido, en casi todas las monterías de ahora se observa la presencia de gran cantidad de gente joven. Y es muy normal que, al ser más caros los puestos, sean adquiridos entre dos escopetas pero que tiran solo de uno en uno, no los dos a la vez, que además está totalmente prohibido. Como le decía al comienzo, todo ello va unido al cuidado que ahora se le da a la caza y cómo la administramos, pues antes cazábamos veinte veces el mismo coto mientras que ahora es normal montear una sola vez al año, no repetir nunca las manchas, aportar suficiente comida para que las hembras, sobre todo, paran tempranas y prácticamente todas, y además sus crías se alimenten desde pequeñas. La afición también va a más y para las monterías buenas, así como para los buenos trofeos, siempre hay demanda. Eso sí, hay que ofrecer calidad.

Con un corzo abatido en Polonia. «En esta cacería tirábamos a grandes distancias». Foto: Juan Sangrán

– ¿Cuáles son los enemigos más poderosos de la caza andaluza?

– La ignorancia que aún queda sobre estos cuidados. El furtiveo, sobre todo de trofeos. Y en cierto modo la Administración. De este último tema ya hemos hablado y he querido decir que la Administración está cambiando mucho en el buen sentido, quizás porque los cazadores también lo estamos haciendo.

– ¿Cree que la Administración aprovecha suficientemente la caza como un recurso turístico y una posibilidad de crear riqueza y trabajo en nuestra tierra?

– Creo que aun “tiene miedo” al que dirán y no se atreven a luchar con la plaga de ecologistas que los molestan bastante y pretenden dar la razón a ambas partes, cazadores e iluminados. Con respecto a sus monterías en las miles de has. que gestionan, éstas deberían salir al mercado sin más tapujos, o bien adjudicarlas en pública subasta, a una tercera persona física o jurídica que las gestione esa Sociedad adjudicataria. Estimo que esto último sería una gran solución y con esos ingresos, gestionar bien y suficientemente sus cotos, lo que llevaría a dar mucha mano de obra que los pueblos agradecerían y quizás se podría disminuir el furtiveo pues todo empieza en estos cotos e incluso “cuentan con ello” para reducir los excesos de las poblaciones naturales.

– ¿El cazador andaluz responde a un patrón determinado? Supongo que usted se habrá cruzado en su camino a toda clase de cazadores…

– Por supuesto que he cazado con muchísimos cazadores y cada uno es como es. No se trata de andaluces o gallegos, sino más bien de las personas. Creo que no existe un patrón determinado, pues la caza en sí es igual en todo el mundo. Lo que sí puede variar son las costumbres o métodos de llevarlas a cabo. Le cuento una anécdota. En una ocasión me fui a cazar osos a la antigua Yugoslavia. Los cazábamos desde unas torretas donde nos pasábamos casi toda la noche y era costumbre que te acompañara uno de los guardas locales. Una noche en la que ambos compartíamos una de esas torretas, me lancé a charlar con mi guarda para contarnos cosas de caza, tanto en España como en Yugoeslavia. Yo no sabía más de treinta o cuarenta palabras en inglés y a él le ocurría lo mismo. Pegamos le hebra y con tan pocas palabras estuvimos hablando hasta las seis de la mañana en que salimos del puesto. Con esto le he querido decir que no existe ningún patrón determinado y los cazadores hablamos siempre el mismo idioma.

– En líneas generales, ¿somos respetuosos con la legislación y con la selección de las presas? A veces parecería que el código deontológico se escribe con renglones torcidos.

– La pregunta tiene su miga. ¿Siempre lo somos? Si soy honrado tengo que decir que no siempre lo somos. Cuántas veces en la tertulias post montería nos comentamos: «Pues yo hoy he tirado un tiro que no debí haberlo tirado y he pasado un mal rato». O «el venado que he cobrado iba dentro de una pelota de reses y menos mal que solo cayó el venado. En el segundo ojeo me entró este bichejo y no me pude contener…». Respecto a la selección natural, el hombre no interviene y solo consiste en dejar a la naturaleza. Para ello debemos conseguir que en la población que gestionanos exista una proporción de sexos 1:1, que es lo natural, y por ello solo padrearan los individuos más fuertes. Hoy día se autorizan las monterías de gestión, es decir, se dispara contra el exceso de población de ciervas, para lo que se da un cupo a abatir por cada cazador, así como se puede y debe disparar sobre cualquier animal defectuoso o sin porvenir como trofeo o herido. Esta es una buena gestión, pues se molesta una sola vez al año la población del coto. También es un mal menor que hay que asumir, pues en esas cantidades de animales que se abaten siempre habrá alguno que no debió ser abatido. Repito, es un mal menor, pero es recomendable y aplaudo a la Administración por haber implantado esta norma.

– ¿Qué libro de caza no se ha escrito aún?

– En España hubo una época en que no salió ningún libro verdaderamente interesante o formativo excepto el del Conde de Yebes, Veinte años de Caza Mayor. Después de esta publicación vino una época de ayuno total. La siguiente época ya actual fue muy prolífera y salieron muchísimas publicaciones, unas en forma de aventuras y otras con tramas más interesantes. En la actualidad nuestra bibliografía es bastante extensa, pero lo que no ha salido ni antes ni ahora son libros técnicos o basados en estudios serios sobre la caza y sus cuidados. Sí han salido artículos monográficos muy interesantes. Yo publiqué un libro dedicado a estos temas que titulé Gestión del coto cercado y los cuidados a la caza. Este tema bien desarrollado, pues yo me referí solamente al ciervo, es lo que nos falta. Mientras que en extranjero son abundantísimos, sobre todo en Centroeuropa.

Con un gran nyala en Sudáfrica. «Esta especie posee un extraordinario camuflaje. Pude verlo entre la maleza por la mancha blanca de la cabeza». Foto: Juan Sangrán

– ¿Le gusta a los cazadores la lectura?

– Yo contesto por lo que a mí se refiere. Me gusta mucho, pues además de divertirme siempre se aprende algo nuevo.

– ¿Qué cambiaría de la legislación de caza si pudiera hacerlo?

– Más flexibilidad y menos burocracia, que es poco útil y lo que se consigue es ponernos a casi todos fuera de la Ley por un sello o por un papel vencido, sin desearlo o sin darnos cuenta siquiera.

– ¿Qué opina de las competiciones de caza?

– Opino que la caza no es un deporte. De ese modo sobran todas. Además yo no concibo una competición donde todo se hace corriendo con la lengua fuera. Eso no tiene nada que ver con la verdadera caza.

– En la caza, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

– No, cada tiempo tiene o tuvo su atractivo y su forma de realizarla, pero el hecho de cazar, es el mismo. Quizás los tiempos actuales sean mejores, al menos por la abundancia de caza, aunque también abundan más los cazadores. Pero sigue habiendo sitio para todos.

Con un corzo en Kikinda, antigua Yoguslavia. Foto: Juan Sangrán

 

COMENTARIOS

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    Javier 5 años

    Magnífica entrevista a un grandísimo cazador.

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    maria dolores martin rodriguez 4 años

    Hola, me dirijo a juan sangran sobre todo para darle las gracias.
    Gracias por una carta muy hermosa que escribió hacia Rafael Martín Hornero (mi padre).
    Tengo esa carta en mis manos y me hizo un nudo en la garganta cuando la leía, sentí que gracias a este hombre tenia a mi padre más cerca de mí. Mil gracias de parte de mi madre, mi hermano josé Antonio y yo.

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