Mapa andaluz de pescadores

Mapa andaluz de pescadores

Una trucha común entra en la sacadera. Coto de Castril. Foto: perezventana

A diferencia de otras comunidades autónomas de la nación española, en Andalucía se practican todas las modalidades de pesca deportiva, absolutamente todas, y durante los doce meses del año. La benignidad de su clima y la enorme riqueza piscícola confieren a esta tierra un carácter singular para el desarrollo de esta afición, y permiten la convocatoria de competiciones en las cuatro estaciones. Aquí se ponen en práctica todas las clases de pesca de aguas dulce y salada. Aquí están presentes las especies más perseguidas por los deportivos, quizá con la única excepción del salmón, y los escenarios añaden a su generosa oferta otras fuertes emociones en forma de alicientes turísticos y gastronómicos.

Variedad piscícola

Es la enorme riqueza piscícola de Andalucía la que termina de otorgar, como decíamos, ese carácter singular a esta tierra si hablamos de lanzar los anzuelos a aguas dulces o saladas. Respecto a las dulces, la variedad de especies –autóctonas o alóctonas– que las habitan permite que se ponga en práctica en ellas la totalidad de modalidades y técnicas que conforman la pesca deportiva moderna. Y los maestros de la alta competición aportan un dato más: además de variedad hay calidad. Se aprecia en el nivel de capturas y en el tamaño medio de éstas; en su óptima salud y su combatividad. Se evidencia en la pureza genética de las truchas comunes que habitan los ríos de Andalucía oriental y en la robusta y creciente población del barbo, en clara recesión en el resto de la península, que aquí está viendo reverdecer su esplendor de antaño quizá fortalecido por el buen funcionamiento de las depuradoras en la cuenca del Guadalquivir.

«La contención de la contaminación esta posibilitando la feliz reproducción de esta brava y deportiva especie, una de las más valoradas por las cañas de coup, ya sea el común ibérico o el comizo, ambos endémicos de la península»

Y ese aspecto ciertamente saludable continúan mostrando la mayoría de especies de nuestras aguas continentales como las carpas comunes y royales, carpines, albures –las diferentes variedades de mugílidos: negrona, capitán, lisa mojonera, múgil, busel, etc.–, bogas, anguilas, black bass, truchas comunes y arco iris, etc. También otras que aparecen en cursos fluviales muy concretos, como los lucios, cachos, tencas, bermejuelas, alosas, etc. Incluso especies introducidas o invasoras ya ampliamente extendidas y asentadas en la cuenca del Guadalquivir que en su momento crearon cierta alarma entre biólogos y ecologistas, como el black bass, la perca sol –o pez sol, lepomis gibbosus–, el alburno o el cangrejo rojo americano, han venido a demostrar que no era tan fiero el león como lo pintaban. Desde el punto de vista de la pesca deportiva, podemos afirmar que la amenaza de estas especies alóctonas no es tal, puesto que las autóctonas siguen reproduciéndose y mostrándose en su ritmo habitual. El aficionado más curtido, constante observador, algo así como un biólogo en potencia, comprueba día a día con satisfacción que todas las nuevas especies que llegan al cauce del Guadalquivir –la citada Barqueta resulta ser un extraordinario acuario-laboratorio natural, un punto caliente de biodiversidad– se aclimatan a la perfección y pasan a formar parte del ecosistema sin que ello incida negativamente en otras poblaciones.

Por alguna razón, insistimos, ya sea su magnitud, la orografía o la amplia oferta de alimento, quizá por una combinación de todos estos factores, el Guadalquivir, especialmente su colorista tramo urbano entre los puentes que separan la capital hispalense de la isla de la Cartuja, es tolerante a la llegada de nuevos pobladores y, por tanto, no se comporta como los embalses, en los que la presencia de una especie invasora sí afecta negativamente a la supervivencia de los peces autóctonos. De hecho, imaginen las consecuencias si a alguien se le ocurre la descabellada idea de echar a pasear por la Torre del Oro una parejita de esos enormes siluros que campan a sus anchas en la cuenca del Ebro. De momento no hay siluros en Andalucía, tampoco salmones ni luciopercas. Aún así, las especies citadas, la presencia de muchas de ellas cohabitando en ecosistemas fluviales del sur peninsular, posibilitan que podamos afirmar con rotundidad que esta comunidad posee la mayor variedad piscícola continental del territorio español.

Puesta de sol en Zahara. Foto: perezventana

Aguas saladas

En agua salada, la variedad es inmensamente mayor, aunque, a diferencia de lo que exponíamos respecto a los ambientes acuáticos continentales, prácticamente todas las especies están en regresión en cuanto a su volumen de población. Y no es, precisamente, la pesca recreativa la culpable de ello, al menos no en un porcentaje significativo, sino la insaciable pesca comercial, cuya actividad es frontalmente contraria a un desarrollo racional y sostenible.

Un repaso a las especies que caen con mayor frecuencia en los aparejos de las cañas deportivas en el mar andaluz corrobora la afirmación anterior. En la zona suratlántica, predominan las mojarras, sargos, herreras, roncadores, doradas, robalos, bailas, corvinas, urtas, anchovas, etc. A esta lista cabría añadir, si el lance se efectúa desde embarcación, aguas adentro, pargos, brecas, bocinegros, caballas, chopas, burros (borriquetes), brótolas, jureles, mejes, corvallos, verrugatos, congrios o zafíos, meros, abadejos, palometones, dentones, samas… Casi todas ellas, ocasionalmente, se pescan también desde orilla o muelle. Por su parte, en el litoral surmediterráneo abundan los besugos, doncellas, serranos y cabrillas, salemas, bogas, palometas y dobladas, amén de otras comunes al vecino Atlántico como la dorada, el sargo y el robalo. Desde embarcación, en esta misma costa, se persiguen los voraces, pargos, gallinetas, brótolas, arañas, cabrachos (rascacios) y raores (loritos); en menor medida, las chernas. Añadamos a las especies reseñadas otras de interés deportivo como el pez limón (lecha, serviola), pez ballesta (tambor, cochino), rayas y mantas, morenas, etc. También, especies propias de la pesca de altura, como los túnidos –atún rojo, atún blanco, bonito, melva, bacoreta, listado, rabil, patudo– y escualos –marrajo, pez zorro, cazón, tintorera, jaquetón, pez martillo (cornúa), pintarroja, galludo…–, el pez espada, el pez vela, el marlín, la lampuga y el espetón (barracuda), todas ellas presentes en nuestro mar. La lista es ciertamente voluminosa, ¿no creen? De este amplio listado podemos hacer varias consideraciones. En primer lugar, otorgar la condición de ‘especies reinas’ de la pesca deportiva marítima en Andalucía a la dorada, el robalo, el sargo y el besugo (este último sólo en el Mediterráneo). Desde embarcación, el pargo y la corvina (la última referida sólo en el Atlántico).

© Quico Pérez-Ventana

¿Qué harás pescador de oro

allá en los valles salados

del mar? ¿Hallaste el tesoro

secreto de los pescados?

Deja, niño, el salinar

del fondo, y súbeme al cielo

de los peces y, en tu anzuelo,

mi hortelanita del mar.

 

‘Elegía del niño marinero’ – Rafael Alberti

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