Pesca de altura en el Estrecho: a por el gran atún rojo

Pesca de altura en el Estrecho: a por el gran atún rojo

Cae la noche en el canal. Un bravo pescador lucha para arrimar un gran monstruo marino a la popa. Al otro lado del sedal, un miura jalando hacia atrás. Esta es la crónica de una triunfal jornada de pesca de altura en el Estrecho de Gibraltar. Los gigantes existen. Como esos norteños de ‘Juegos de tronos’, sí. Y arriban a la Andalucía sumergida. 

Allí mismo, donde tocó fondo el submarino de Das boot –qué pedazo de peli, madre–, azotados por vientos y olas del infierno, vecinos invisibles de mercantes y ferrys, la embarcación Pampero III combate a oscuras con un coloso. Son las once y media, tres horas después de la picada, once después de partir desde Alcaidesa Marina con proa a Punta Cires, cuando el animal parece claudicar y nos muestra su majestuosa figura. Un escalofrío recorre los cuerpos de estos honrados pescadores andaluces. Ni el gol de Iniesta en aquella final.

El plan estaba cerrado desde dos meses atrás. Una gran salida a por el gran atún rojo del Estrecho. La jornada soñada. En la logística, el pescador sevillano Antonio Shaw, que paradójicamente terminaría quedándose en tierra por culpa de una boda. No hay más días para casarse, cagonlamá. Shaw reunió un grupo de diez pescadores, a saber: Javier Llana, Antonio Gallardo, José Antonio Ortiz Sabido, Antonio Fernández, Nacho Llana, Antonio Mariño, Alberto Cabrera, Luis Gijón, Alfredo García Calle y el firmante de estas líneas, Quico Pérez-Ventana. Diez pescadores diez para echar una partida de big game en un chárter de altura en busca del thunnus thynnu. El patrón es César Espinosa, experto en estas lides y dueño de una coqueta embarcación con base en Sancti Petri, Cádiz. Durante la temporada recreativa del atún rojo –unas tres semanas entre junio y julio, a veces menos–, el barco fondea en La Línea. Con su correspondiente licencia del Ministerio para tentar a esta especie, claro está.    

El día amanece movido. Poniente fuertecito. César nos recibe en su Nautipol Siete Mares 10,30, embarcación gallega de doble puente, matrícula de 2008. El material pesquero es de primera división, como ven en el vídeo que encabeza este reportaje. Cuatro cañas de entre 80 y 130 libras. Carretes de curri con 1.000 mt de sedal de 0,80 mm, terminales leader de 30 mt y 190 mm. Muestras comerciales y artesanales que simulan con destreza el alimento natural del atún: caballas, lachas, peces voladores, dorados… La Bahía de Algeciras nos saluda con su cara más agreste. Mercantes llegados de ultramar, contenedores coloristas. Un lego a gran escala. Poniente fuerza 6, marejada, olas de 1 mt. Parece que en las horas centrales amainará. Brumas bajas muestran dividida la costa africana, que custodian pateras de artes de brumeo. Ya en el canal, vemos los primeros buques en combate. El patrón advierte que son excepcionales. Las picadas se están dando al atardecer, cuando los marineros asisten al espectáculo de los bancos de atunes cebándose en superficie. Se unen a delfines, ballenas y calderones. A las 13 horas ya arrastramos por popa los cuatro señuelos. A 5,5 nudos de velocidad, señuelos a contracorriente y a unos 4 o 5 mt de profundidad.

Y sin tangones. El atún tiene la boca dura y necesita tensión en las líneas. Pasarían más de siete horas hasta oír la carraca de un carrete. Música celestial.

El foco intermitente en el fly-bridge anuncia que el Pampero III ha pinchao. La picada ha sido sensacional. En latitud 19, igual que el día anterior. A las 20,30 horas, tras una deliciosa tarde de avistamientos en el zoológico salvaje del Estrecho, la caña de babor sufre una tremenda embestida. Es la que anuda un pez volador de tonos celestes y con marcas de dentelladas de un ataque añejo. Levantamos las otras tres. Para entonces, el carrete ya ha desalojado más de 300 mt de sedal. El amigo José Antonio se sienta en la silla de combate y protagoniza una lucha con la mayor belleza plástica que pueda un pescador sureño imaginar. Tal cual divisamos a Hemingway en los Cayos de la Florida. Una lucha perfectamente sincronizada entre el pescador y el marinero al timón, que evita en todo momento que la línea pierda tensión. Si el grumete supiera y el patrón quisiera todo se hiciera, nos recuerda Javier Llana.

El pez lucha sin cuartel. Parece de los grandes. Por encima de los 200 kg, dice el patrón.

Más tarde, en el momento del embarque, con el animal vencido e izado a bordo, comprobaríamos que venía robado, es decir, con la muestra muy por fuera de la boca. Esto resta hidrodinamismo y multiplica los esfuerzos. Sin duda, la inexperiencia e ilusión desbordante de los tripulantes nos llevó a cometer algunas imperfecciones que quizá no vayan con el espíritu IFA. Ya saben, el reglamento que estipula la heterodoxia en la captura recreativa. Tampoco presumimos de ello. De seguir fielmente tales reglas, nos referimos. A la vista de la potencia brutal de un gran atún rojo del Estrecho, con sinceridad no entendemos cómo se puede embarcar un pez de 200 kg siguiendo tales postulados. Nuestra jornada experimentó una picada demasiado tardía. Y en aguas ciertamente peligrosas. La pelea fue dura. El pez sufrió durante la batalla y no pudo ser devuelto con vida al agua. Así que el ronqueo en manos expertas añadió aún más lustre a la jornada. Y disfrute gastronómico.

El atún rojo se está recuperando. Es una realidad. Con toda seguridad, fruto del control europeo a los profesionales. Ahí están los inspectores en las almadrabas, artes milenarias que significan el sustento de tantas familias. Dios las guarde. Aún así, la veda deportiva abarca apenas tres semanas de capturas, con el límite de dos piezas por embarcación recreativa y temporada. Las picadas son abundantes, no como años atrás, cuando escribíamos estas palabras sobre el gran juego de la pesca de altura en Andalucía para el presente portal. Algo se está haciendo bien.

Texto, fotos y vídeo: Quico Pérez-Ventana (@perezventana)

El equipo, antes de la partida. Altas expectativas. Foto: perezventana

El equipo, antes de la partida. Altas expectativas. Foto: perezventana

Antonio Gallardo, de El Puerto de Santa María, con la muestra que obtendría la captura. Foto: perezventana

Antonio Gallardo, de El Puerto de Santa María, con la muestra que obtendría la captura. Foto: perezventana

El triunfador señuelo que asemeja un pez volador. ¿Ven las dentelladas? Foto: perezventana

El triunfador señuelo que asemeja un pez volador. ¿Ven las dentelladas? Foto: perezventana

Surcando los siete mares, que no los siete reinos. Foto: perezventana

Surcando los siete mares, que no los siete reinos. Foto: perezventana

Probando la fiabilidad de las muestras. ¿Saben bien? Foto: perezventana

Probando la fiabilidad de las muestras. ¿Saben bien? Foto: perezventana

Un curricán de altura frente al peñón de Gibraltar. Foto: perezventana

Un curricán de altura frente al peñón de Gibraltar. Foto: perezventana

Definitivamente, África es un continente dividido. Foto: perezventana

Definitivamente, África es un continente dividido. Foto: perezventana

Al atardecer, los atunes se ceban en superficie. Grandioso espectáculo. Foto: perezventana

Al atardecer, los atunes se ceban en superficie. Grandioso espectáculo. Foto: perezventana

Los buques recreativos sortean los gigantescos mercantes. Foto: perezventana

Los buques recreativos sortean los gigantescos mercantes. Foto: perezventana

Divisando el gran circo marino desde el doble puente. Foto: perezventana

Divisando el gran circo marino desde el doble puente. Foto: perezventana

No estamos solos. En el Estrecho, nunca lo estás. Foto: perezventana

No estamos solos. En el Estrecho, nunca lo estás. Foto: perezventana

Vida y color en el Estrecho de Gibraltar. Foto: perezventana

Vida y color en el Estrecho de Gibraltar. Foto: perezventana

La canal es lo que tiene. ¿Van bien sujetos? Foto: perezventana

La canal es lo que tiene. ¿Van bien sujetos? Foto: perezventana

Aguardando la embestida del gran atún. Foto: perezventana

Aguardando la embestida del gran atún. Foto: perezventana

Más de siete horas sin picadas. Esta es una pesca de largas esperas. Foto: perezventana

Más de siete horas sin picadas. Esta es una pesca de largas esperas. Foto: perezventana

Ya hemos pinchado un gran atún. José Antonio Ortiz Sabido asume el protagonismo en la silla de combate. Foto: perezventana

Ya hemos pinchado un gran atún. José Antonio Ortiz Sabido asume el protagonismo en la silla de combate. Foto: perezventana

Al otro lado del sedal, un miura jalando hacia atrás. Foto: perezventana

Al otro lado del sedal, un miura jalando hacia atrás. Foto: perezventana

La batalla entra en su ecuador. El pez no parece dar muestras de cansancio. Foto: perezventana

La batalla entra en su ecuador. El pez no parece dar muestras de cansancio. Foto: perezventana

El patrón nos tranquiliza. Está bien prendido, no se va a despescar. Foto: perezventana

El patrón nos tranquiliza. Está bien prendido, no se va a despescar. Foto: perezventana

El amigo Alberto Cabrera muestra el disfrute de la pelea. Foto: perezventana

El amigo Alberto Cabrera muestra el disfrute de la pelea. Foto: perezventana

Cae la tarde. Se encienden las primeras luces. Foto: perezventana

Cae la tarde. Se encienden las primeras luces. Foto: perezventana

Ya bien entrada la noche, el pez se arrima a popa tras tres horas de encarnizado combate. Foto: perezventana

Ya bien entrada la noche, el pez se arrima a popa tras tres horas de encarnizado combate. Foto: perezventana

Primeras fotos con el trofeo. Foto: perezventana

Primeras fotos con el trofeo. Foto: perezventana

El patrón César Espinosa, con el gigantón en cubierta. Foto: perezventana

El patrón César Espinosa, con el gigantón ya en el puerto. Foto: perezventana

La tripulación, con el trofeo sobre el pantalán. Foto: perezventana

La tripulación, con el trofeo sobre el pantalán. Foto: perezventana

César, artífice de esta gran captura, posa con la mayor captura de la temporada. Foto: perezventana

César, nuestro experto en pesca de altura, posa con la mayor captura de la temporada. Foto: perezventana

El extremeño Antonio Mariño ayuda a atar el pez para llevarlo al ronqueador. Foto: perezventana

El extremeño Antonio Mariño ayuda a atar el pez para llevarlo al ronqueador. Foto: perezventana

Una vista nocturna del Pampero III. Un buque pesquero de primera. Foto: perezventana

Una vista nocturna del Pampero III. Un buque pesquero de primera. Foto: perezventana

¿Existe un pez más majestuoso en los mares que el atún rojo gigante? Foto: perezventana

¿Existe un pez más majestuoso en los mares que el atún rojo gigante? Foto: perezventana

El ronqueador profesional nos brinda el último espectáculo de la jornada. Foto: perezventana

El ronqueador profesional nos brinda el último espectáculo de la jornada. Aprovechamos para pesar la pieza: 180 kg justos da en la báscula. Foto: perezventana

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Los pescadores se reparten equitativamente grandes trozos de lomo de atún. Un manjar de dioses. Foto: perezventana

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