Pesca de altura en el área surmediterránea

Desembarcando un atún en el torneo de Puerto Marina. Foto: Puerto Marina

Superado el Estrecho, el Mediterráneo andaluz ofrece interesantes opciones para la pesca de altura. No en vano, es el mismo mar que en Baleares y Cataluña protagoniza sensacionales jornadas en compañía de picudos y atunes. Tradicionalmente, los grandes túnidos han emergido a brumeo en la Costa del Sol, concretamente frente al litoral de Benalmádena. Ahora, según dicen los aficionados más veteranos, “los atunes se han perdido”. Sale alguno, claro, pero muy esporádicamente. En los últimos años, los torneos populares de pesca de altura celebrados en la costa de Málaga, que exhiben un alto nivel técnico y deportivo, han desembarcado en puerto llampugas, mayormente, que no están mal, pero no son precisamente atunes.

Por ello, los aficionados de este litoral ponen rumbo a las aguas del Estrecho si quieren tener opciones de entrar en combate con un grander.

En Granada, el aficionado a la pesca de altura va buscando igualmente el pez rey, el atún, pero en este litoral el cimarrón desfila muy hondo, y es más fácil tentarlo a brumeo en el Seco de Motril que a curricán. El pescador lleva por popa tres cañas grandes y cuatro pequeñas. Así salen atunes rojos de 10 a 60 kgs, amén de llampugas y túnidos menores como bonitos, albacoras y listados. También se pescan esporádicamente agujas imperiales.

En Almería, por último, entran estos picudos a curricán en el seco del Cabo de Gata y otras zonas de paso hacia el Mediterráneo, como el Sabinal, entre Roquetas y Almerimar. La aguja aparece en octubre y, seguidamente, el atún rojo, que muerde los señuelos en estado aún juvenil, aunque cada temporada se captura algún ejemplar de más de 200 kgs que pone a prueba los aparejos y aviva el fuego de la pesca de altura.

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