Pesca a mosca en Andalucía

Pesca a mosca en Andalucía

La realidad de la pesca de salmónidos en Andalucía es mejor de lo que piensa el grueso de aficionados ‘mosqueros’ más arriba de Despeñaperros. Los ríos de las provincias nororientales poseen una buena población de truchas autóctonas con una extraordinaria pureza genética, pero, para bien o para mal, el volumen de devotos de esta modalidad de pesca no es comparable al que disfrutan otras técnicas y especies reseñadas en esta web. ¿Las razones? Dejando a un lado la proximidad del mar y sus venerados pobladores, debemos tener en cuenta el perfil orográfico de nuestros cursos trucheros. La mayoría son ríos pequeños, muy embrozados, que se descuelgan con extrema rapidez. Esta circunstancia repercute en el tamaño de los peces, que no llegan a alcanzar tantos centímetros como sus primo hermanos de otras latitudes. El pescador del norte suele tener más técnica, pero el del sur requiere más pericia; no es lo mismo conducir por grandes avenidas que por las calles del Albaicín.

Podemos afirmar que en Andalucía hay una aceptable afición al lance ligero, pero la pesca a mosca está aún muy poco desarrollada, y sus practicantes forman núcleos muy cerrados.

El pescador andaluz de sedal pesado habla con cuentagotas, cuenta poco de lo que sabe, y suele circunscribirse a los ríos que tiene a su alrededor. Pese a ello, la suya no deja de ser, también en Andalucía, la modalidad de pesca deportiva más auténtica, la técnica pionera en promulgar premisas de modernidad y conservacionismo. La de mayor belleza plástica. Eso sí, las zancadillas vienen en la misma dirección que en el resto de España: furtivismo y contaminación.

Las truchas andaluzas son pintorescas, tanto o más que los habitantes de las localidades vecinas. Se dan peculiaridades como que no se puedan intercambiar peces de dos ríos vecinos –el Poqueira y el Genil, por ejemplo– porque genéticamente son diferentes, o que las truchas de un coto como el de Castril, únicas en el mundo, efectúen dos frezas al año; ello implica que se realice la apertura de la veda un mes más tarde que en otros cotos de alta montaña. El Castril, por cierto, protagoniza estampas tan singulares como la contemplación de un maravillado pescador con una efémera dánica en la palma de su mano. Se trata de un efemeróptero de gran tamaño y color amarillo limón. La pureza de un río truchero se determina por la presencia de sus efémeras y plecópteros, y aquí son felizmente numerosos. Cada cauce es diferente. La propia climatología es particular. En los ríos del sur se puede pescar con mosca seca prácticamente durante toda la temporada. Esta es una pesca ‘a la vista’: la más bonita, la que disfruta el pescador. No es lo mismo que pescar con mosca ahogada, lógicamente, pues aunque ésta se sitúe en el agua con buena técnica no se suele visualizar la emocionante picada del pez.

La constitución en 1998 de Sierra Nevada como parque nacional ha influido directamente en los ríos trucheros de la zona. Los límites del parque han absorbido los mejores tramos de ríos como Dílar, Maitena, Lanjarón, Trevélez, Poqueira…

Aún hay buenos escenarios en Granada, como el Trevélez –la parte del barranco del Poqueira–, el Genil –desde el Barranco de San Juan– o los cotos ajenos a Sierra Nevada, pero la pesca a mosca se ha visto resentida, obviamente. Alguna sociedad de pesca local llegó a proponer a la Administración la permisividad para la pesca controlada sin muerte, como se hace en alguna comarca catalana de los Pirineos. Su argumentación se basaba en el hecho de que la presencia de pescadores en el río podría espantar a los furtivos que suelen frecuentar aquellas aguas. Como la vigilancia es prácticamente inexistente –la guardería se centra más en la caza y los incendios–, esta sería la única forma de perseguir a los ribereños desaprensivos que continúan alardeando en el bar del pueblo de sus malas artes: los cordeles con lombrices en cada poza o los bidones de lejía vertidos al agua, incluso el fusil submarino.

En el otro lado de la balanza, la Administración andaluza se ha apuntado el tanto de instaurar en materia de pesca deportiva la obligatoriedad del captura y suelta para la trucha común en toda la comunidad, como reflejaron en su momento las diferentes revistas especializadas nacionales, que no escatimaron elogios hacia la medida del gobierno autónomo.

Todo el mundo ha puesto su granito de arena en la adopción de esta normativa. Desde hacía años, la FAPD y las sociedades conservacionistas venían solicitando alguna acción encaminada a preservar la hermosa fario en las aguas andaluzas; y no sólo en los ríos históricos de Granada y Jaén, también en Almería, Málaga y Sevilla. De hecho, es un dato conocido que en los concursos federativos se devuelven tradicionalmente al agua los peces capturados. Finalmente, la Consejería de Medio Ambiente, basándose en la catalogación de dicho pez como especie en peligro de extinción –así se recoge en el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Andalucía–, ha conseguido compatibilizar la conservación y el aprovechamiento deportivo de la misma al promulgar, como decimos, la pesca sin muerte para la especie en toda la comunidad y el uso de artes de pesca sin muerte en todas las aguas trucheras a excepción de los cotos repoblados con arcoíris. También figuraban, por cierto, en la Orden de Vedas dos extrañas excepciones en los cotos granadinos de Portillo y Trevélez. En el primer caso, el plan rector del Parque de Castril ha posibilitado felizmente dar al traste con dicha excepción. En la práctica, todo lo explicado anteriormente se refleja en un alto nivel de satisfacción por parte de los pescadores más experimentados, la totalidad de los que pescan a mosca, y un sentimiento de indignación de los aficionados más tradicionales, que aún siguen viendo la pesca como un medio de llevar pescado a casa, cosa que, por otra parte, pueden conseguir fácilmente en los cotos intensivos.

Lance ligero y cola de rata

Para la pesca de salmónidos pueden emplearse dos sistemas bien diferenciados: el lance ligero y la cola de rata. La primera técnica es la más asequible y popular en Andalucía. Se emplean cañas de spinning, normalmente de dos tramos y muy cortas, poco más de 1,5 mts –al ser los del sur ríos muy encerrados–, y carretes semiautomáticos, con la bobina en el interior de una carcasa. Los artificiales más comunes son la cucharilla rotatoria y el pequeño vinilo. En menor medida, el buldó con mosca ahogada. El lance ligero es recomendable para la iniciación en la pesca de salmónidos. También es una técnica más autodidacta. Cuando el pescador sabe leer el agua, es decir, hacer pasar la muestra por el lugar donde intuye que la trucha puede esta apostada esperando que la corriente le traiga su alimento, el spinning se convierte en una modalidad de pesca muy deportiva que requiere un alto nivel técnico y de especialización.

Por su parte, la cola de rata, también llamada pesca con sedal pesado o con látigo, se basa en el empleo de un nilón ahusado que, con su propio peso, es capaz de proyectar una mosca artificial a distancias de 20 ó 25 mts.

El sedal que se bautiza con semejante extremidad de un roedor se caracteriza por poseer un grosor que disminuye progresivamente de diámetro, igual que aquél. Por un extremo se empalma a la línea madre del carrete y, por otro, a una línea más fina a modo de terminal. La cola de rata se mide según el peso de sus metros iniciales, aproximadamente los 10 primeros, y la cifra, graduada del 1 al 15 por la AFTMA (Asociación de Fabricantes de Equipos de Pesca de América), va en consonancia a la caña. Así, por ejemplo, una caña nº 8 está diseñada para manejar de forma adecuada una línea nº 8. Aquí el carrete, que es de bobina giratoria, no interviene en el lanzado ni el cobro de la captura: sólo debe ser lo más pequeño y ligero posible. La distancia que se alcanza en el lanzamiento dependerá de la técnica del pescador, que debe perfeccionar la acción de falsos lances. También de la caña, que puede ser parabólica (acción lenta, se dobla el 90 % de la caña), semiparabólica (acción media, se dobla el 60 %) o de punta (acción rápida, sólo se flexiona el tercio superior). Esta última penetra mejor en el aire pero tiene menos margen de corrección, y es muy del gusto americano.

Los andaluces, al tener menos tradición truchera, están aún más americanizados que los pescadores de otras comunidades, y suelen emplear cañas rápidas y relativamente cortas, de entre 8 y 8,5 pies, para pescar de punta.

Ocurre que, con los años y la experiencia, el pescador va introduciendo en su equipo otras tendencias encaminadas, quizá, a sentir con mayor placer la picada de una trucha con una caña más lenta o progresiva. En este breve repaso a la técnica de pesca a mosca nos referiremos, por último, a la propia mosca, que puede ser seca o ahogada, según si se posa sobre la superficie cual señuelo flotante –la primera– o se hunde. En Andalucía, dado el escaso caudal de los ríos y la transparencia de las aguas, las moscas más empleadas son las secas, concretamente tricópteros y efémeras. La ahogada se anuda sólo cuando no hay más remedio. El pescador más iniciado llega a fabricarse en casa sus propias moscas, tarea apasionante que introduce otro elemento diferenciador en el universo de la cola de rata. Y es que la pesca a mosca es una técnica ciertamente compleja y versátil, aunque aún elitista para ciertos ojos, que, si llega a dominarse en sus conceptos básicos, suministra el mayor cargamento de emociones que puede llegar a experimentar un pescador deportivo.

El aficionado se convierte en un experto en entomología capaz de interpretar por qué las truchas están en silencio o se muestran excesivamente escandalosas. O en un artesano que sabe fabricar la perfecta imitación del insecto que habita el río con sus correspondientes variaciones estacionales. O en un ecologista recalcitrante que hace años que no concibe la posibilidad de llevarse un pez a casa. O en un avezado escritor que, cual poeta enamorado, encuentra en este arte la inspiración para su prosa más retórica. O en un modelo de pasarela, con su chaleco de aventura, su vadeador y sus gafas polarizadas. O en un lanzador con más puntería que el arquero Antonio Rebollo en la inauguración de Barcelona ’92.

Es un mundo aparte. Recuerden a Brad Pitt en El río de la vida: la pesca a mosca, que él consideraba todo un arte, era la única cosa en el mundo capaz de transmitir momentos de verdadera tranquilidad y quietud a la vida de aquel hombre rebelde, cuyo padre, un predicador presbiteriano, le había inculcado la idea de que las mejores cosas de este mundo, es decir, las truchas y la salvación eterna, sólo se podían lograr escuchando a Dios. Menudo ejemplar clavaba en la escena final.

Una trucha común de Castril. Foto: perezventana

La reina fario

En la cima de la pesca andaluza de salmónidos está por méritos propios la trucha común (salmo trutta fario), que habita con carácter autóctono un buen número de cauces de montaña en la comunidad. Ríos de aguas frías y muy oxigenadas a salvo de la degradación, como los que surcan los parques de Sierra Nevada y Cazorla y Segura. La fario posee una hermosa librea de pintas negras y rojas que suelen estar cubiertas de un halo blanquecino. Es un pez que muestra una enorme variedad morfológica en función de su hábitat natural y su edad. Se alimenta de invertebrados bentónicos, alevines y pequeños insectos, y efectúa la freza en invierno. Además, existe una variedad ibérica de la trucha de río que se conoce como reo (salmo trutta trutta), y que se diferencia de aquélla por pasar una parte variable de su vida en aguas marítimas costeras. Esta especie no está presente en Andalucía. La que sí habita nuestras aguas es la trucha arco iris (oncorthynchus mykiss), aunque de forma artificial, pues se trata de un pez originario de la costa oeste de EE UU que no suele ser capaz de reproducirse en el propio río. Los ejemplares que se capturan proceden en su totalidad de piscifactorías –Riofrío, Borosa, El Bosque…–, con lo que su pesca rebaja unos grados el apetito ‘deportivo’ de los aficionados más ortodoxos. Es un pez que acude más fácilmente al engaño y que, a diferencia de la común –con la que nunca convive, pese a su similitud–, es capaz de sobrevivir en condiciones de mayor temperatura y menor oxigenación. La arcoíris posee un cuerpo más esbelto que la trucha autóctona, y una franja lateral –más acentuada en los ejemplares adultos– de puntos negros sobre fondos de color rojo anaranjado, rosado malva o rojo violáceo, de ahí su nombre.

En Andalucía, en materia de salmónidos, destaca la actividad llevada a cabo por la Asociación Conservacionista de Pescadores del Sur (ACPES), incluida en la Unión Nacional de Pescadores Conservacionistas (Unipesca). Su principal tarea es la oposición a actuaciones perjudiciales para las especies autóctonas y la denuncia de éstas, así como  promover y colaborar en actividades relacionadas con la recuperación y mejora de cursos fluviales y la formación de pescadores en técnicas de pesca menos lesivas, en especial en el fomento de la pesca sin muerte. Desde su constitución en 2001, ACPES ha hecho oír su voz respecto a obras hidráulicas, especies alóctonas, detracciones abusivas y/o ilegales de caudales, vertidos y degradación de riberas, etc. También ha llevado su campo de acción a las aguas marinas, denunciando todo lo relacionado con la sobrepesca, pesca ilegal, pesca de inmaduros o la destrucción de los fondos por artes de arrastre. En estos años, la asociación ha conseguido parar la concesión de minicentrales eléctricas que, en su opinión, hacen un daño irreparable a las poblaciones piscícolas, pues no respetan los caudales y siempre están en manos privadas. También vigilan los azudes obsoletos, acondicionamiento de frezaderos, cauces y, en definitiva, velan por la conservación de los ríos. Afortunadamente, la Administración les escucha.

© Quico Pérez-Ventana

COMENTARIOS

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    Jose Hernandez garcia 7 meses

    Hay personas como yo que pescamos a mosca desde 1970 en nuestro entorno siempre sin muerte en un único anzuelo. En la actualidad en Andalucia la pesca se ha puesto imposible. Hemos pasado de ser “juanillo” al ilustrísimo Sr. D. Juan. Yo pesco barbos a mosca desde hace mucho tiempo, y ahora nuestra Administración, nos prohíbe pescarlos-soltarlos en primavera y no nos deja hasta el 1 de julio. ¿En qué arroyo hay agua en julio en Huelva (Andalucia)? Hemos pasado de todo permitido a todo prohibido, de ahí lo de D. Juan o Juanillo. No entiendo lo de dejar pescar barbos en veda solo en competiciones. Qué pasa, ¿los que no competimos somos de otra raza? ¿No tenemos derecho a pescar y soltar barbos?
    Con las barbaridades que se les hacían a los barbos antes de esto y no fueron capaces de eliminarlos, no entiendo esta política protectora contra los que pescamos y soltamos estos peces.
    ¿Qué incidencia podemos tener los que hacemos esto en la especie ?
    La verdad que no lo entiendo. Un saludo.

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