Pesca marítima recreativa desde embarcación en Andalucía

Un gran besugo es embarcado por Antonio Hernández Garra en el Seco de Motril. Foto: perezventana

En el barco todo es diferente. Pero no todo el mundo tiene un barco, claro. Esta podría ser la primera reflexión si afrontamos la tarea de definir brevemente la pesca deportiva desde embarcación y ubicarla en el entorno de la comunidad andaluza. Porque, indudablemente, la navegación marítima, ya sea en un pequeño bote de madera, una lancha fuera borda –preferiblemente cabinada– o un coqueto barco pesca-paseo, aumenta unos grados el disfrute de la pesca deportiva. También es mayor el abanico de opciones y, por tanto, aumentan las garantías de éxito. Pero, ojo, la sensación de enganchar un pez de medio kilo con finísimos aparejos pescando con caña desde playa es igualmente intensa, emocionante.
Pesca a fondo con volantín, curricán costero y curricán de fondo son, en términos básicos y por ese orden, las técnicas más empleadas en los dos mares de Andalucía para pescar desde embarcación.
Todas ellas ofrecen la posibilidad real de capturar especies de alto interés deportivo y culinario, y en un nivel aceptable, aunque esto último depende de parámetros tales como la época del año, el estado de la mar, el volumen poblacional de la especie que estemos buscando y, por supuesto, la pericia del pescador. 

El volantín

La pesca desde embarcación fondeada con volantín es diferente si navegamos por el litoral surmediterráneo o el suratlántico. Así, por ejemplo, en la costa oriental se suelen perseguir los voraces en fondos mixtos y con aparejos de mano. Elevando el tamaño de cebos y anzuelos, también las especies propias de los fondos rocosos: pargos, brótolas, gallinetas, congrios, etc. Por su parte, en la costa occidental se busca con pasión la breca en fondos fangosos, y una enorme variedad de codiciadas especies en los roquedos: pargos, corvinas, sargos, roncadores, corvallos, borriquetes, garapellos… En todo el Golfo de Cádiz, además, se buscan desde embarcación los grandes peces de muela –doradas y grandes sargos, mayormente– pescando a fondo con caña en sus lugares de paso o alimentación y encarnando en el anzuelo navajas, cangrejos y otros moluscos. Esos mismos cebos se usan para tentar a las urtas en los veriles. En estas aguas las capturas reinas son el pargo y la corvina, a los que se suele ofrecer el mismo cebo vivo del que se alimenta, caballa o choco, últimamente también la mojarra. Para el resto, es común la carnada de sardina, chipirón y choco, a las que cabría añadir la gusana –más extendida en el ámbito de la competición– y el camarón vivo para la breca.

El volantín es una técnica de larguísima tradición en nuestro país, sobre todo en la costa mediterránea. Todavía hoy es el método de pesca más común desde embarcación, tan simple en su concepción como efectiva.

Para su montaje es suficiente un centenar de metros de cordón grueso enrollado a un corcho o tablilla. En un extremo se ata un emerillón y, a éste, un sedal más fino de aproximadamente 1 mt con un plomo al final. En este terminal, conocido como traste, se anudan diferentes anzuelos con brazos de unos 20 cms y distancias de 30 cms entre uno y otro. En el sur, este aparejo se monta siempre con el plomo al fondo, y dependiendo de si se pesca en un roquero o un limpio –fondo de fango, preferiblemente un veril–, se ajusta la longitud de los bajos de línea; más largos en fango, quizá reduciendo a dos el número de anzuelos, y más cortos en roca. En este último se usan a veces unas alargaderas para que no rocen los anzuelos con el fondo con el consiguiente riesgo de enganche. Los volantines, dependiendo del gusto de cada pescador, se montan en una línea madre de monofilamento o multifilamento. Hay quien prefiere el segundo por poseer más resistencia, lo que deriva en más metros de hilo en el carrete. Además, como no posee elasticidad, se nota mejor la picada. También ha llegado al montaje de los bajos de línea de estos aparejos –igual que para el bass o la trucha en agua dulce– el nilón de fluorocarbono, cuyo grado de refracción, según dicen, se ve menos en el agua y es más resistente a la abrasión. Las cañas suelen ser telescópicas de unos 3 mts, de acción parabólica y punteras finas. Para esta técnica, la legislación impone un tope de capturas de 5 kgs por pescador y día, así como la obligatoriedad de pescar con un máximo de tres anzuelos en cada caña. Por cierto, aún hay quien se resiste a utilizar ésta, la caña, para enfrentarse en fiero combate al pargo.

“Me gusta sentir la picada en los dedos”, asegura Rafael Gómez Tocón, firme defensor del chambel o aparejo de mano y patrón de una magnífica embarcación crucero-pesca con base en el Puerto deportivo de Rota.

La pequeña cacea

El curricán costero o pequeña cacea se realiza desde una embarcación en movimiento a escasas distancia de la costa y profundidad. Las especies que acuden al engaño artificial son muy diversas: robalos y bailas, pescados azules –jureles, caballas–, anchovas, obladas, palometas, lirios… A veces, en estos inocentes paseos junto a la costa se dan capturas excepcionales, como dentones, corvinas, palometones, peces limón, espetones… Equipo y pescador deben estar preparados para la posibilidad de trabajar y ganchear un pez de 20 kgs. Para el preciado robalo se baten zonas de escasa profundidad y fondos rocosos. En ocasiones se forman cardúmenes y entran un buen número en una sola jornada. Para su técnica, se emplean equipos de menos de 30 lb y señuelos variados: peces artificiales, cucharillas ondulantes, pulpitos, rosarios con colas de silicona… Las cañas son de dos tramos, más rígidas y cortas, con carretes multiplicadores o de bobina giratoria.

Curricán de fondo

En el curricán de fondo es fundamental conocer el lecho marino: fijar los pesquiles en el GPS y marcar bien la profundidad con la sonda. El patrón juega un papel fundamental. La que se practica desde hace década y media en Andalucía es una técnica ideada en EE UU para la pesca de grandes black basses y salmones, a los que se tentaba con señuelos naturales o artificiales. Aquí tuvo su apogeo a mediados de los 90, cuando los entusiastas de este efectivo sistema de profundizadores y muestras rubricaron hermosas capturas de grandes robalos, pargos y corvinas en los fondos rocosos de la región; también alguna extraordinaria cherna en las profundas marcas del litoral mediterráneo, donde los grandes barcos que efectúan chárteres de pesca aún eligen esta modalidad para despertar el interés de sus clientes potenciales. Lo cierto es que en los últimos años ha descendido su afición, quizá motivada por las disputas que suscitaba en ocasiones el hecho de que las embarcaciones tuvieran que peinar caladeros en los que casi siempre había otros barcos fondeados. O quizá también por el dañino arte del tren de bolos, sistema de pesca de arrastre para fondos rocosos, que ha esquilmado de grandes predadores los fondos aún vírgenes de la costa atlántica, especialmente del litoral onubense. No obstante, aún se ven barcos arrastrando la bola y, dependiendo de las mareas, se da mejor a unas horas u otras, aunque la creencia generalizada es que por las tardes está más activo el apetito de los grandes peces que atacan la muestra de profundidad. También se tienen en cuenta, igual que para el volantín, los repuntes de marea, sobre todo la hora anterior a la pleamar y la posterior.

Como tantas otras técnicas de pesca, el curricán de fondo admite numerosas variaciones. El método, tal como lo vemos en los barcos recreativos sureños, requiere, en primer lugar, el manejo de un sónar que marque el fondo de piedra y de un profundizador atornillado a la popa de la embarcación.

El profundizador es un instrumento que regula mediante un motor eléctrico el fondo al que queremos pescar. De él parte un hilo de acero que termina en un plomo redondo de 3 a 5 kgs de peso, y de éste, a su vez, un terminal de unos 10 mts de sedal con una rapala o un cebo natural –caballa, calamar, jurel, a veces incluso vivos– prendido a una potera. El plomo posibilita que el aparejo vaya de forma vertical y pasee la muestra a la profundidad elegida, unos 3 ó 4 mts sobre las piedras para seducir al pargo y la corvina. El resto depende de la destreza del pescador al manejar la embarcación lentamente, navegando en línea recta por fondos rocosos o rodeándolos, buscando los desniveles o el propio filo de la roca, que es donde suele acechar el pargo. El sedal que dirige el engaño va unido al plomo por un grillete que, en el momento de la picada, se suelta y permite que el animal sea trabajado por la caña del pescador sin semejante lastre.

Por esos misterios inexplicables que guarda celosamente el mar, los aficionados al curricán de fondo se encuentran situaciones tan extrañas como no tener una picada batiendo una marca de norte a sur, y al efectuar la operación en sentido contrario obtener feroces ataques de los predadores.

© Quico Pérez-Ventana

COMENTARIOS

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    Alex 5 años

    Hola. ¿Tienes algún dato de dónde puedo contactar para poder salir a pescar embarcado? Viene mi padre de Argentina y allí le gusta mucho ir a pescar embarcado a la costa atlántica y quiero regalarle el que pueda pescar en nuestro Mediterraneo.
    Salu2 y gracias!

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    perezventana 5 años

    Álex, prácticamente en cada puerto deportivo de Andalucía hay un patrón dispuesto a embarcar a uno o varios aficionados a cambio de equis euros. Solo hay que preguntar a algún lobo de mar. El que aparece en la imagen de este reportaje es Antonio Hernández ‘Garra’, con atraque en el puerto de Motril, Granada. Un gran profesional, damos fe.

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