Tentando al black bass en Zahara El Gastor

Devolución de uno de los basses clavados en Zahara El Gastor. Foto: perezventana

Devolución de uno de los basses clavados en Zahara El Gastor. Foto: perezventana

 

Otoño de 2014. Embalse de Zahara – El Gastor (Zahara de la Sierra, Cádiz). Hoy el objetivo de nuestra cámara enfoca a dos figuras de la pesca del black bass desde embarcación: José Luis Valiente y Moisés Lozano. A ver qué nos depara la jornada.

Aceptamos la invitación del amigo José Luis Morales Valiente para verle –fotografiarle, mejor dicho– en acción. José Luis, vecino de Montequinto (Dos Hermanas, Sevilla), nació hace 45 años en Krefeld, Alemania, y dirige la firma de trabajos verticales Travesur. Se inició de niño en la pesca deportiva clavando bogas en el río Guadamanil, Pruna. Más tarde pulió su afición en Torrequebrada, Benalmádena. Pero en 1982, al regresar a Sevilla, se adentró de lleno en la pesca continental, siempre tentando a los diablillos verdes. «Me llamaban la atención los cebos artificiales, esos señuelos tan variados y llamativos. Engañar al pez de esta forma. Veía que era una pesca más deportiva», nos cuenta José Luis, que también practica con pasión el alpinismo. Iniciado en la competición desde 2001, logró alzarse en 2010 con el primer puesto en el Campeonato de España por equipos de black bass desde orilla. Era la primera vez que la comunidad andaluza se hacía con semejante trofeo. Ese mismo año quedó campeón de Andalucía en categoría individual. Ambos torneos se celebraron en Guadalcacín. Ahora José Luis Valiente, que está patrocinado por la firma Fishing Import, lleva dos años sin competir, pero practica su afición en sus paraísos particulares del bass en Andalucía occidental: Punta del Verde, Corumbel, Bornos y el presente Gastor.

El plan de esta jornada otoñal promete. Ha quedado con su amigo Moisés Lozano Jiménez (31 años, Prado del Rey), también miembro del club Giralda Bass. «Es un embalse precioso. El agua es cristalina. Y hay muchos peces de calidad», relata Moisés –quien también persigue la dorada a surfcasting en La Puntilla– mientras nos dirigimos a Zahara El Gastor con una coqueta embarcación Cabril Bass 470 a nuestra espalda. Sí, de esas con sillas giratorias y motor eléctrico en proa. El lago en cuestión posee una capacidad máxima de 223 hm3 y pertenece a la cuenca del Guadalete-Barbate, igual que Bornos, Arcos, Guadalcacín y Los Hurones, entre otros. «Hace unos quince días lo pescamos a pato y clavamos seis o siete buenos peces durante la tarde. Son basses muy bonitos y fuertes. Sanos y plateados», añaden.

Entramos en Zahara El Gastor por el área recreativa La Puente, orilla de Algodonales. En esta zona, abierta al público desde las 10 horas, hay una rampa ideal para deslizar el barco al agua. El equipo de pesca incluye cañas y carretes de spinning y casting, además de un completo surtido de señuelos de última generación, destacando crankbaits y montajes estilo texas. Precisamente sendos crankbaits amarillo y blanco lograron seducir a dos basses kilones junto al mirador de la presa nada más iniciarse la jornada. Así lo reflejan las imágenes que ilustran estas líneas, y que hacen balance de una mañana no del todo brillante en capturas pero sencillamente deslumbrante respecto a la técnica empleada y la belleza del lugar. Una jornada que se vio acortada antes de tiempo por unos nubarrones negros que empezaron a descargar agua a partir de las 13 horas. Ya advirtieron los pescadores que el día había amanecido con alerta amarilla en la provincia de Cádiz y previsiones de vientos de 60 km/h. De hecho, a partir de las 10,30 se levantó un fuerte oleaje sobre la superficie del pantano. Incomodó nuestra navegación, pero no nos privó de tomar instantáneas de cierto valor deportivo. Juzguen ustedes mismos.

«Ahora este embalse está más difícil», cuenta Moisés, cuyo récord de black bass fue un ejemplar de 3,360 kg clavado con jerkbait de vinilo en estas aguas. «Tuvo tres años muy buenos. Los dos últimos se ha notado un descenso de la población de basses y hay menos picadas». Algo influiría la llegada de los alburnos hacia 2006 o 2007. Antes se capturaban muchos basses desde desde orilla. Ahora es más efectiva una embarcación provista de sonda. Localizas un banco de alburnos aguas adentro y allí entran los depredadores. Esto implica usar muestras de profundidad, pues en esta zona del pantano se sitúa el fondo a más de 11 metros. Y si te alejas hacia el centro, el desnivel supera los 40 mt. «Los enemigos de este embalse –afirma José Luis–, como en tantos otros lugares, son los aficionados que pescan al vivo antes de la freza. Los peces están más agresivos, salen los ejemplares más grandes y, por supuesto, se llevan las capturas». Huelga decir que nuestros protagonistas no quieren ni oír hablar de algo que no sea pesca sin muerte.

Pescamos durante tres horas. Tiempo suficiente para lanzar con destreza una amplia selección de atractivas muestras a estas orillas escarpadas. Fueron especialmente efectivos los spinnerbaits de doble pala, que emiten muchas vibraciones y atraen a los peces desde cierta distancia. También los montajes drop shot, con el plomo en punta y el vinilo con el anzuelo enterrado o expuesto. Media docena de capturas, todas ellas devueltas felizmente al agua, y tiempo para saborear en Prado del Rey unos chicharrones con crianza de Protos que, ténganlo por seguro, también forman parte de la distracción del hombre contemplativo. Este arte sagrado que llamamos pesca deportiva.

Texto y fotos: Quico Pérez-Ventana (@perezventana)

Accedemos al embalse por el área recreativa El Puente. Foto: perezventana

Botamos la embarcación en El Puente. Al fondo, Zahara de la Sierra. Foto: perezventana

Comprobando el equipo. Foto: perezventana

Primeros lances junto al mirador de la presa. Foto: perezventana

Se alinean las constelaciones. Deslumbrante Zahara de la Sierra. Foto: perezventana

Moisés pesca desde proa pisando el pedal del motor eléctrico. Foto: perezventana

José Luis muestra un vinilo con montaje wacky. Foto: perezventana

El pescador posa con una de las capturas antes de devolverla al agua. Foto: perezventana

Pesca sin muerte, cómo no. Foto: perezventana

Una de los cajones de señuelos, en este caso crankbaits. Foto: perezventana

Ante una pared vertical y con vegetación subacuática. Aquí tuvimos varias picadas. Foto: perezventana

Un pequeño bass se deja hechizar por un spinnerbait. Foto: perezventana

Fuerte viento y oleaje. Esplendor otoñal en las sierras gaditanas. Foto: perezventana

Un crankbait amarillo seduce a un bass medianete. Foto: perezventana

Las cabriolas típicas de los diablos verdes. Foto: perezventana

Los pescadores cambian constantemente de caña para probar diferentes técnicas. Foto: perezventana

Moisés posa con dos grandes piezas que entraron al mismo tiempo. Foto: perezventana

¡Valiente pescador de basses! Foto: perezventana

José Luis libera una pieza. El cielo se oscurece por momentos. Foto: perezventana

El black bass se recupera… Foto: perezventana

…Y se sumerge bajo las aguas. Hasta otra ocasión, hermano pez. Foto: perezventana

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