Desde embarcación en Almería

Preparando el chambel en la embarcación El Quijote, Puerto de Almería. Foto: perezventana

En el poniente andaluz se pesca en toda la costa, aunque nombrar el Seco del Olivo es hablar de palabras mayores. Ubicado a unos 15 kms de Guardias Viejas y Almerimar, su profundidad oscila entre los 200 mts y las caídas de más de 800 mts. Un pesquero de gran fondo donde poder escudriñar pargos, gallinetas, pollicos, besugos e incluso chernas y merluzas. Es un monte submarino de gran extensión que marca en la sonda puntas en torno a los 100 mts cuando minutos antes mostraba cifras constantes de 500 o 600 mts. Se suele colocar el aparejo en los veriles, entre 120 y 200 mts, aunque hay quien baja hasta los 400 mts con carretes eléctricos.

Frente al Cabo de Gata, a unas 12 millas, se ubica otro seco –así se llama popularmente, El seco– que se adentra en las rutas marítimas de grandes buques, por lo que está menos pescada. Hacia tierra, a unos 4 kms de la costa, está La plana, donde se enganchan besugos, brecas y pargos a profundidades de entre 80 y 100 mts.

Pero en la costa de Almería es suficiente echarse al mar en un bote y coger 20 mts de agua de la orilla– para hacer una entretenida pesca de besugos con carnadas de sardina, calamar o gamba.

Pesaje de besuguetes en una competición almeriense de pesca deportiva. Foto: FAPD

Se buscan en fondos mixtos de arena, arguel y raspillar. Primero se navega al garete hasta dar con ellos, luego se fondea el barco y, finalmente, se engoda para que los peces permanezcan en la zona. En esos fondos variopintos abundan los parguetes, chopas y vidrieras, por lo que la pesca puede ser ciertamente colorista.

Además, en los últimos tiempos se viene extendiendo la práctica del spinning desde embarcación fondeada. En la bahía de Almería, especialmente en la boya del río Andarax, se capturan robalos y pequeñas lechas con este divertido sistema.

En septiembre y octubre aparecen las lechas y serviolas, que se persiguen con los señuelos de curricán costero. A final de noviembre comienza la temporada del bonito y la melva, que en ocasiones se ponen a tiro del lance desde rocas y escolleras. Durante todo el año se prenden chicharros arrastrando la muestra.

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