Salmones y venados de ensueño en las Highlands escocesas

Enrique Valdenebro con el fantástico salmón de 7,5 kg capturado en el río Carron de Escocia.

A la vista de estas imágenes, más aún escuchando su excitante relato, uno imagina la figura de William Wallace a lomos de su bravo corcel luchando por la libertad de aquellas tierras altas. En nuestro caso los rivales no son los ejércitos del despiadado Eduardo I, sino un gran salmón de 7,5 kgs y un fabuloso venado. El soldado es Enrique Valdenebro Corpas (Sevilla, 1976), licenciado en Empresariales y organizador profesional de cacerías de perdices en Los Melonares. A finales de septiembre de 2011, Enrique fue invitado por un amigo francés a pasar una semana depredadora en las Highlands escocesas, concretamente en la finca Glencalvie, término municipal de Ardgay, una hora al norte de Inverness. Allí se instaló en una caserío escocés como dibujado en un códice medieval.

«El primer día estuve cazando. Fue un rececho maravilloso entre montañas impresionantes», comenta Enrique Valdenebro. «Perfiles escarpados con hierbas de apenas una cuarta y sin árboles. No hay nada». ¿El lance? «Allí cazas venados como si fueran rebecos. Era la época de la berrea. Es muy difícil poder entrarle al venado –de diferente raza al ibérico– porque no hay monte. Tienes que arrastrarte sobre el musgo como una serpiente. Vas al descubierto. Después de seis horas de caminata divisamos la pieza en una piara y estuvimos dos horas más para entrarle, los últimos 500 metros reptando. Buscábamos trofeos malos, de menos de 12 puntas. Puse el telémetro a unos 280 metros y cayó de un disparo. En Gran Bretaña se permite el uso del silenciador para no molestar a la caza, algo inteligente en mi opinión. Claro, estaba con una cierva y esta no se inmutó, no sabía qué había ocurrido. Luego estuvimos andando otras tres horas y, al final del día, casi de noche, vimos otro venado y mi amigo lo abatió. Es muy curioso porque el guarda tira del animal con un arnés y lo arrastra durante un kilómetro y medio hasta un pequeño vehículo de ocho ruedas».

Valdenebro, que suele practicar la pesca deportiva en la costa de Punta Umbría, aceptó encantado la idea de lanzar la mosca al día siguiente en las aguas salmoneras del río Carron junto a otro pescador francés. «Salimos a las 10 de la mañana tras un buen desayuno. Subimos río arriba durante media hora. Me sorprendió la gran longitud de la caña y el lance tan vertical. A las 12 en punto, decía nuestro acompañante escocés. Me coloqué junto a una cascada y cada rato veía un salmón saltar entre las piedras. Usábamos una mosca ahogada de grandes proporciones y provista de dos anzuelos. Durante la mañana tuve un par de picadas. Se escaparon. Perdí un par de moscas. A media mañana nos sugirieron que probáramos más abajo. Yo me coloqué en el mismo lugar donde había estado el otro pescador. Era una zona encajonada, con grandes piedras y sin orilla». Lo que ocurrió después recuerda aquella escena de Rock Hudson en Su juego favorito. «Llegó mi amigo francés, que se había quedado en la casa porque no le gusta pescar, y me dijo que a las 13 horas tenía que dejar de pescar allí. Era la una menos cinco.

Entonces le dije que me hiciera una foto de recuerdo. Dejé la caña apoyada con la mosca muy cerca, y en ese momento se dobló con gran fuerza. Le solté hilo y aguanté durante unos 10 minutos. Al final logré acercarlo a mis pies y mi amigo logró introducirlo en la red».

Era un salmón de 32 pulgadas y 7,5 kg de peso. Tremenda experiencia. ¿Y qué le ilusionó más, el venado o el salmón? «El salmón, por supuesto. Yo sé que soy cazador y ando bien en la alta montaña. El venado está a mi alcance, pero el salmón es una vivencia única».

Con el venado abatido en las Highlands escocesas. Fotos: Enrique Valdenebro

Oteando trofeos en las tierras altas escocesas.

Lanzando la mosca en las aguas del río Carron momentos antes de la captura del salmón.

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